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Negativos

Por @rondoscutillas

El Tenerife ha presentado, posiblemente, la mejor campaña de abonados de su historia. Saca al mercado los pases del curso 2017-18 con los precios más económicos desde la década de los 80, premia la fidelidad de sus 50 socios más antiguos y la de los que no han fallado en los dos últimos lustros ofreciéndoles rebajas diferenciales respecto al resto. Y apuesta por la comodidad, poniendo en marcha un servicio de cita previa para que el cliente tenga un trato mucho más personalizado, agradable y se evite colas y esperas innecesarias.

La entidad sigue en su línea de mimar a los más fieles e incluso refuerza esa tendencia. Los que llevan diez o más años seguidos sacando su abono pagarán un 16% menos que hace apenas dos temporadas. A los que aún no cumplen ese requisito se les anima a seguir enganchados pagando un 11% menos de lo que tenían que desembolsar hace dos ejercicios. Y para los que lamentaron no haber podido vivir los momentos más trascendentales del curso pasado o para los que se fueron sumando de manera proporcional a la escalada clasificatoria y los buenos resultados, también hay 1.000 nuevas plazas disponibles a apenas 110 euros.

La plantilla se ha renovado. Se le ha abierto la puerta a todo aquel que ha querido salir y se ha incorporado a determinados jugadores de acreditada solvencia en la categoría, como Juan Villar o Víctor Casadesús. Y a otros que demostraron servir para la causa en el pasado, como Tyronne o Juan Carlos Real. También se ha apostado, a diferencia de otras temporadas, por jugadores llegados del mercado internacional en propiedad como el hondureño Bryan Acosta o el argentino Lucas Aveldaño intentando que, si se revalorizan en la isla, dejen algo en las arcas del club y no suceda como con ‘Choco’ Lozano o Gaku Shibasaki, por poner solo dos ejemplos.

Hasta aquí ofrezco mi visión de lo que me parece realmente trascendente a estas alturas de julio. Sin embargo, no salgo de mi asombro cuando compruebo, una vez más, cómo perdemos el tiempo compitiendo a la hora de poner el adjetivo más negativo posible al anuncio promocional de la propia campaña de abonos. Puede gustar más o menos. Pero lo cierto es que, de entrada, se rechaza el caramelo que nos ofrecen porque no nos gusta el envoltorio.

Nos detenemos en la forma sin entrar a analizar el fondo. Olvidamos que el 24 de junio todos éramos del Tenerife más que nunca y expresábamos nuestro orgullo y agradecimiento por lo que este bendito club nos había hecho vivir. Los responsables del dichoso anuncio han apostado por hacer un guiño, con mayor o menor acierto y sentido del humor, a lo que cada uno de nosotros haríamos si subimos. Han optado por desterrar el luto de la amargura y el abatimiento con el que se despidió la Liga para tratar de enchufarnos a la esperanza.

En el fondo, soy de los que piensa que estas cosas son anecdóticas. Y pasajeras. Dan para debatir unos días o una semana. Y para que se hable del club. Para bien o para mal. El cartel del Carnaval de Santa Cruz también suele recibir toneladas de críticas por norma y la gente, cuando llega la fiesta en la calle, sale a divertirse con las mismas ganas de siempre. En el fútbol sucede igual. Si los resultados acompañan, el Heliodoro volverá a estar lleno. No lo duden.

La llama de lo sucedido en el epílogo de la pasada temporada aún está viva. Intentemos extinguir, de una vez por todas, el maldito canibalismo blanquiazul. Y tratemos de ser, entre todos, un poco menos negativos.