Skip to main content Scroll Top

Nano

Por @beatrizpalmero

No he tenido la oportunidad de hablar con Nano demasiadas veces, en parte porque el club restringe bastante las apariciones en medios de canteranos, incluso de aquellos que ya este año son profesionales, y en parte porque en el trabajo me ha cuadrado pocas veces hacer una entrevista aparte con él. Por eso, las navidades pasadas me llevé una grata impresión después de tener una conversación informal durante el partido benéfico Amigos de Vitolo. Vi algo que no había visto antes en él, ese orgullo que tienen aquellos que han dado un paso al frente para lograr lo que quieren con un sacrificio que les ha hecho ver las cosas desde otra perspectiva. Y esas ganas de volver y demostrarlo.

Y lo sé porque, para bien o para mal, yo también tuve que marcharme lejos de casa para cumplir mi sueño. Yo también hice las maletas con toda la ilusión del mundo convencida de que era la mejor opción y también sentí, cuando llegué a mi destino y descubrí todas las novedades, como caía sobre mí la soledad ese día que me levanté a desayunar y me di cuenta de que un momento tan natural y sencillo carecía de cualquier familiaridad. Una extraña en un mundo extraño.

Y tienes que salir fuera y partir de cero y conocer nuevos compañeros y trabajar tu talento para que el esfuerzo merezca la pena. Y de repente tienes que hacer sola un montón de cosas que ni siquiera sabías que tenías que hacer o cómo las debías hacer. Y sí, mi ropa blanca dejó de ser blanca al sacarla de la lavadora –“¡cómo se te ocurre mezclar la ropa blanca y de color!”- , y dejé la huella de la plancha en mi camiseta favorita – “lee la etiqueta, mi niña”-, y me cansé de comer sándwiches, pasta y arroz y eché en falta lo nunca pensado, ese potajito y esas lentejas –“si es muy fácil hacerlas”-, y con 39 de fiebre y un virus de estómago descubrí que no podía quedarme en la cama esperando que me llegara una sopa y una tacita de agua con ron miel –“hazme el favor de ir al médico, ya llamé a tu amigo Luis para que te acompañe”-, y me equivoqué dejando a un lado mis obligaciones para ir a la fiesta de turno y me arrepentí –“no estás ahí para eso”-. Y así hasta que descubres que ya eres autónoma, que tienes capacidad de decidir y que todo depende de tu voluntad para lograr que todo vaya por buen camino.

Y también volví a casa  por Navidad y supe que ya no era como los compañeros que había dejado atrás, que algo me hacía distinta. Que en el equipaje venían otras muchas cosas, intangibles, pero valiosas. Que había crecido. Como ha he hecho Nano. Como ha hecho Alberto, Abel o Jairo. Como antes vimos hacer a Bruno. Porque si han superado esa soledad de verse solos, lejos, sin la familia, sin los amigos, con la única compañía de tus sueños y tu esfuerzo y han salido adelante, a su talento han añadido una fortaleza que antes no conocían. Y tal vez con el regreso de ‘Choco’ Lozano Nano vuelva al banquillo, pero seguirá ahí aprovechando sus minutos, haciendo sentir a Raúl Agné que tal vez esté siendo injusto con él. Porque ya sabe que en la perseverancia está el camino del éxito.

Y con su ejemplo, los aficionados tal vez entendamos que ceder a un jugador no es querer librarse de él, es darle una oportunidad para aprender cosas que aquí le costaría el doble aprender, y que todos los equipos lo hacen. A veces sale bien, incluso tan bien que te arriesgas a quedarte sin ese jugador, a veces sale mal, por muchas circunstancias, pero nunca volverá un futbolista más débil del que se fue.