Deben ser complicados tantos halagos. Recibir whatsapps a granel felicitándote por lo bueno que eres y cuán lejos puedes llegar, si te lo propones. Esto no es nuevo, una vez Iriome hizo un gran partido y antes de irse a la cama esa misma noche la rumorología indicaba que medio mundo lo quería en su club, al precio que fuera. Hasta el Liverpool de Benítez. Nunca pasó de la Segunda División.
Hace tres temporadas Ayoze Pérez anotó 16 goles en Segunda División en 34 partidos. Su aura goleadora lo llevó al Reino Unido, donde se vistió con la camiseta del Newcastle. Siete y seis goles, ése ha sido su bagaje liguero en los dos últimos años fuera de la isla. Ahora juega en Segunda División, a las órdenes de Benítez, y después del descenso de su actual equipo.
Nano es la continuidad de una saga que yo llamaría El Ombligo Chicharrero. Una película que relata la historia de varios futbolistas que, empujados por no sé que fuerza superior, los terminan asomando al abismo. Y algunos incluso se lanzan al vacío sin paracaídas. Con el consiguiente talegazo, si no se tiene la cabeza centrada. Porque en esta isla pensamos que nuestros futbolistas son lo máximo y que venderlos por menos de 100 millones de euros es una tropelía de Concepción. Digo 100 como mínimo.
Hace tiempo que los representantes del futbolista llevan engrosando su factura telefónica a base de ofrecimientos del delantero a media España. No lo digo yo, basta con hacer una ronda de consultas a los managers de jugadores más importantes del territorio para que te informen de la actualidad.
Incluso se le ofreció al Real Madrid la posibilidad de que jugara en el Castilla. Esto no se hace por voluntad propia. El deportista (que hizo 14 goles en 35 encuentros en la 15/16) ha conocido en todo momento los movimientos. Los motivos son más que lógicos: mezclen una dosis de halagos por parte de todos (no es para menos después de lo bien que lo ha hecho), con un salario escaso, y solo dos años de contrato por cubrir.
Pero su lesión ha acelerado todo. Y gracias a que se precipitaron la cosas. Porque de no haber sido así, me pregunto cuándo tenía previsto contar toda esta historia. ¿El 30 de agosto?
Nunca lo reconocerá pero me supongo que Martí se sentirá como cuando Casca, Bruto y compañía apuñalaron a Julio César. El técnico balear, tras conocer por Serrano la iniciativa del delantero, habría exhortado para sus adentros «¿Y tú, Nano?».
Porque el principal responsable de este inconveniente no es ni el Tenerife ni Miguel Concepción, ni quienes pretenden desviar la atención hacia estos parapetos. Quienes se quieren ir del Tenerife son Nano y su representante. Y encima pidiendo que se abone menos de los cuatro millones de su cláusula. Vamos, que uno de los dos está loco por mandarse a mudar. Es legal. Pero a falta de una semana para empezar la competición, recordarles cómo apuñalaron al emperador por la nuca es la mejor de las metáforas.
Pase lo que pase, nada volverá a ser como antes. Porque al míster este tipo de bromas no le gustan un pelo, y ayer lo dejó claro en la rueda de prensa. Difícil decisión ahora para el futbolista, que tiene un mes de inactividad para reflexionar sobre qué le conviene más: si cambiar de representante, si quedarse en la isla o si marcharse a un equipo de Primera, donde ni será titular ni tendrá el protagonismo que pudo haber tenido aquí. Por lo menos de momento.
[quote]Vivimos atados a él y a su destino; tome la decisión que tome[/quote]
Yo me aventuro a darle una idea: lo primero es tener claro que se quiere quedar, lo segundo es reunir al grupo (algunos siguen incrédulos por lo sucedido) y garantizarles que se quiere quedar, y que va a dar el ciento por ciento. Lo último, pedirle a quien lo representa que, aunque la afición sabe de sobra que un día se marchará por la puerta grande, el que lo quiera que pague los cuatro millones.
Ése es el mejor regalo que Nano puede dejarnos. Una cantidad más que suficiente para apuntalar la delantera y soñar con regresar a Primera. Que nadie es imprescindible en este Tenerife, ni siquiera un gran tipo y futbolista al que le deseo lo mejor de los éxitos profesionales. Porque vivimos atados a él y a su destino; tome la decisión que tome.