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Nano o la cantera (21-1-14)

Por @beatrizpalmero

Presume el Club Deportivo Tenerife de ser el equipo de Segunda, con las excepciones, claro está, de Castilla y Barça Atlético, que más jugadores salidos de la cantera tienen entre los once con más apariciones en el equipo. En total, cinco: Bruno, Ayoze, Suso, Roberto y Ricardo. No son malos datos, si tenemos en cuenta que también aparece con frecuencia Cristo Martín y que Álvaro Cervera no duda en mirar hacia abajo y apostar por aquello que le gusta. Ejemplos de ello son Alberto o Yeray, este último hoy en el Real Irún. Y el penúltimo en unirse es Nano, que tras tres convocatorias lograba debutar el sábado en un desafortunado encuentro.

Tan desafortunado como el regreso que protagonizó a los entrenamientos del B este mismo martes. No conozco al muchacho, pero después de escuchar a quienes sí lo conocen parece que tiene un carácter difícil que ensombrecen a veces sus magníficas cualidades. Mal asunto.

Nos comentaba Cristo Marrero no hace mucho en Televisión Canaria, cuando era convocado por primera vez con el primer equipo y viajaba a Murcia que, salvando las distancias, el jugador le recordaba a Nino, por su tren inferior y por su explosividad a la hora de tirar a puerta. Y, no lo voy a negar, pensé que con que saliera un 50% a Nino ya tendría para crecer y, sobre todo, llegar a ser profesional del primer equipo. Y tengo que reconocer que, pese al horrible partido ante el Alcorcón que proponía un escenario nada adecuado para el debut de un canterano, el chico no se diluyó entre tanto despropósito ni pareció afectado por no poder estrenarse en otras circunstancias.

A la vista de lo sucedido este martes, se abren otros escenarios. No me imagino a Quico de Diego llegando al punto de expulsarle por una simple mala contestación. Entiendo que fue sólo la gota que colmó el vaso del día. Y, mirando hacia atrás, hay miles de ejemplos de canteranos con excelentes cualidades que se quedaron por el camino porque, llegado el momento, se comportaron como niños y no dieron el paso de madurez que hacía falta para alcanzar sus metas.

Digo yo que no es fácil. Cuando apenas has superado la adolescencia y dejas de ver el futuro como ese lugar en el que pueden cumplirse sus sueños porque está ahí cerca, amenazando, como una nebulosa, que asusta, es difícil tener la madurez suficiente para parar un segundo y repetirte verlo más claro depende de ti y de la responsabilidad y del empeño que pongas en construir el camino que sigues. Algunos sólo empezamos a pisar fuerte en la universidad, pero con la tranquilidad que da saber que aún somos estudiantes y que hasta los 23, como pronto, no tendremos que empezar a volar por nosotros mismos. Y todo eso, sin salir en los periódicos, sin dar ruedas de prensa ni tener de compañeros de pupitre a aquellos que hace unas semanas queríamos emular como espectador.

No, no es fácil. De ahí la importancia de un entorno favorable, una familia estructurada y, sobre todo, de una cabeza amueblada. En estos meses no ha dejado de sorprenderme la madurez que ha mostrado Ayoze, desde que lo entrevistara al término de la pasada campaña hasta el momento en que visitó la tele tras el derbi y se mostró como un niño con zapatos nuevos. Tiene cierta templanza que, en ocasiones, parece irreal, pero que, sin duda, le ha ayudado a estar donde está. Y podría citar la firmeza de Bruno, que no dudó en dejar su casa para volver más fuerte, o la dureza que ha hecho crecer a Ricardo tras dos años en blanco. Sin buena cabeza, un canterano podrá llegar, pero difícilmente podrá triunfar. Y los ejemplos los conocemos todos. Espero que Nano no sea uno de ellos. A tiempo está de pararse a pensar antes de bajarse del tren al que Cervera le ha invitado a subir.