Por @jf_rojas
Aunque hemos hablado del asunto en un par de ocasiones y me temo que volveremos a hacerlo antes de que termine la Liga, esto que bautizamos hace un tiempo como cerverismo es tan insistente, entretenido y esclarecedor que hoy lo traemos de nuevo a la columna. Comentaremos esta vez algunos mitos sobre los que arraiga la nueva y próspera corriente a la que cada vez se apuntan más fieles, circunstancia que aquí nos alegra porque significa que seguimos ganando partidos:
A peor plantilla, mejor entrenador: Toda doctrina tiene una piedra filosofal y ésta es la del cerverismo. La premisa del cerverista es que la plantilla del Tenerife es muy floja y sin el entrenador estaría condenada al descenso. No es que Cervera saque un espléndido rendimiento de un buen equipo en una Liga especialmente igualada, algo que firmaría cualquiera. Es que Álvaro está obrando un milagro y sin él ya estaríamos desahuciados. Imagino que sostener, por ejemplo, que la línea defensiva de este año es superior hombre por hombre a la del último ascenso o que el centro del campo no es tan inferior al de entonces será considerado una provocación. Evitaré decirlo entonces para no asustar a nadie aunque en realidad me parezca mucho más radical destacar a Cervera por la vía de subestimar a sus futbolistas.
Gana el entrenador, pierde el equipo: Cervera se equivoca alguna vez, por supuesto. La doctrina no lo niega. Sin embargo no escucharemos a un cerverista atribuir a su táctica o a sus decisiones un mal resultado. Hasta la fecha, indefectiblemente, las derrotas han encontrado siempre explicación en las debilidades de la plantilla y las limitaciones de los jugadores que ficharon otros. En las victorias en cambio, el genuino parroquiano de esta fe siempre apreciará, aquí o allá, una intervención decisiva del míster. Incluso en aquellos resultados más condicionados por el azar los enamorados del entrenador encontrarán un motivo para reconocer su mérito. Eso pese a que a posteriori el propio Cervera al que, por otra parte, dejo fuera de todos estos excesos, admita llanamente que el equipo también ha ganado con suerte.
Cervera, padre de la cantera: La alineación del domingo con nueve canarios, ocho de los cuales eran canteranos, provocó una ola de lógico orgullo que, como era de esperar, el cerverismo no tardó en querer atribuirse. Como en las otras cuestiones, aquí tampoco se entiende de matices. De hecho, tras escuchar y leer ciertas cosas uno casi diría que Álvaro ha amamantado a los chicos desde su infancia. Se ignora, y es injusto, que para llegar a eso además de la capital mediación de Cervera tienen que presentarse más factores. Entre otros que la cadena de mando del club respalde la apuesta, una circunstancia que por convicción o por oportunismo económico ha coincidido con la estancia de Álvaro y no con la de otros. Habrá que recordarlo también por aquello de reforzar las conductas positivas.
Radicales, los demás: Llama la atención que la reivindicación del matiz y el rechazo a los planteamientos a la totalidad sean percibidos como radicalismo. Hasta ahora que yo sepa siempre fue todo lo contrario. La moderación desde el cerverismo en cambio consiste en interpretar cualquier leve ‘pero’ como un ataque al entrenador. Podría escribir en negrita y subrayado que Álvaro me cae muy bien, que me parece muy buen entrenador y que está haciendo un gran trabajo. Si luego añades un matiz menor, el cerverista te alineará entre sus enemigos. Esta Isla es así y o estás en la trinchera o no existes. No sabemos vivir sin pros y antis y si los enemigos no existen como es el caso, nos los inventamos. Sigamos bailando como diría el gran Óscar Herrera.