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Misterio

Por @beatrizpalmero

Durante la última semana he desempolvado mis apuntes y mis libros de Federico García Lorca. He vuelto a pasearme por los versos del Romance de la luna, luna, a sorprenderme otra vez con su maestría usando símbolos de una fuerza arrolladora y a enamorarme de nuevo de su teatro mientras releía por enésima vez La casa de Bernarda Alba. Intentaba buscar la manera adecuada de hacer que toda esta pasión que desprendía su genio llegue a mis alumnos de 2º de Bachillerato sin aburrirlos con conceptos abstractos. Y, en esta búsqueda topé con una de sus frases que te llevan al silencio después de leerla. Decía el granadino que la poesía es “la unión de dos palabras que uno nunca supo que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio”. Creo que es difícil encontrar mejor forma de dibujar la magia que emana de la poesía.

Y de la vida, porque, ¿qué otra magia puede recoger la poesía que la de la propia vida? Nuestra existencia cotidiana está llena de magia: ese maullido mimoso que te recibe al abrir la puerta de casa, esa lluvia fina que moja el cristal mientras escuchas esa canción que tanto te gusta abrigadita bajo la manta, ese abrazo inesperado que recibes al sonreír a un compañero, esa llamada inesperada que te alegra la tarde, esa buena noticia que estabas esperando y que parecía no llegar, ese gol en el último minuto que hace que tu adrenalina se dispare….

No lo dudemos, el deporte también está lleno de ese misterio que tan bien supo definir Lorca. De dos elementos que, cuando se juntan, te atrapan. Federer y Nadal con una raqueta en sus manos arrancándote palabras de asombra cada vez que se sacan un golpe magistral de la chistera, David Cal agitando su remo para engancharnos al piragüismo en unos Juegos Olímpicos, un balón de baloncesto que dibuja un alley oop por obra y gracia de Sergio Rodríguez y Rudy Fernández, un regate inverosímil de Messi para lograr su enésimo y precioso gol…

Hay jugadores que, cuando se juntan con el balón, generan un cierto suspense a su alrededor, una sensación de que algo va a pasar. Leo Messi es el máximo ejemplo, pero no hay que irse a la excelencia. No sólo la perfección sencilla de Lorca es capaz de emocionar, también podemos disfrutar con los versos cotidianos de poetas jóvenes que usan hoy las redes sociales para acercarnos la poesía. En este Tenerife sólo veo un jugador capaz de llevarnos al silencio para ver qué va a pasar: Filip Malbasic, porque siempre que se junta con el balón, pasa algo. Tal vez no sea el mejor hombre defendiendo, tal vez parezca frío o esté negado de cara al gol, pero es capaz de crear ese misterio,  tiene electricidad, protege el balón como pocos y parece tener la capacidad de ver los espacios en el área rival. Llámenme romántica si quieren, táchenme de ingenua o díganme que ponga los pies en el suelo, pero yo me encomiendo mil veces al serbio, porque, qué es la vida sino disfrutar de aquello que nos hace sentir que estamos vivos, de disfrutar de lo que forma «algo así como un misterio».