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Mis disculpas

Por @AleixValero

Lo que venía siendo un fin de semana agridulce, con más sabor amargo que otra cosa por los resultados del CD Tenerife, este con una imagen bastante decepcionante, y del Iberostar Tenerife cayendo en una histórica semifinal de Copa del Rey de baloncesto, nos dejó al final el sabor dorado (y de plata) de tres medallas con mucho valor y que pusieron en el foco a deportistas tristemente llamados o tratados como minoritarios, que deberían hacernos reflexionar sobre el papel de los medios y, también, de los seguidores del mundo del deporte en general.

Simón Siverio, Jonay Jordán y Samuel García son ya tres referentes en el atletismo nacional, pero no los únicos. Campeones de España en pista cubierta de este año (salto de altura y heptathlon respectivamente) tras la disputa del nacional en Valencia este fin de semana pasado, revalidando en el caso de los dos primeros sendos títulos que se les resistía desde hace algunos años. El mismo reconocimiento que merece el palmero Samuel, plata en los 400 metros lisos.

Solo ellos, sus compañeros, técnicos, familiares y amigos saben y viven el día a día de unos deportistas que solo aparecen en los grandes titulares cuando logran resultados como el del fin de semana, pero que, afortunadamente, cada vez extrañan menos por estos lares; algo se está haciendo bien, principalmente ellos mismos.

Recientemente he tenido la oportunidad de vivir de cerca algún que otro entrenamiento de los atletas del Tenerife CajaCanarias, obviamente a años luz de los conocimientos y perspectiva de los que los siguen y se encargan a diario de ellos, pero en solo unas horas con estos deportistas te das cuenta de que son especiales, y que lo bueno que les pase es poco en comparación con otros deportistas, de élite, pero que no atesoran ni mucho menos mejor currículum y que tienen una mayor dimensión.

El fútbol y el baloncesto (en menor medida) son el opio del pueblo (no me excluyo) y muchas veces nos alejan del trabajo diario, éxitos y frustraciones, de chicos y chicas más ‘terrenales’, pero que llevan no tantas, sino más horas que los futbolistas a sus espaldas y que, salvo en contados casos, no viven de su deporte; estudian o trabajan como cualquier otro de nosotros, sacando tiempo de donde apenas queda para seguir un sueño muy personal, y más en deportes individuales. Desde aquí un humilde reconocimiento, mi admiración profunda y mis más sinceras disculpas por un olvido tan inmerecido como injusto.