Por @IvanVillanúa
La llegada de Agné supuso una mejora en el juego del Tenerife. Los blanquiazues comenzaron a ganar en confianza y eso provocó que se pusiera freno a las derrotas y empezaran a sumar puntos. Cuando algo así se produce, la metamorfosis no se frena en el vestuario: se extrapola también a los medios de comunicación y aficionados. Ganas uno, dos y tres y de repente aparecen las alucinaciones: que si con las jornadas que quedan todavía hay opciones de meterse en los play off, que si cuidado que los de arriba pinchan y el ascenso directo podría ser viable…que si esta plantilla no volvería a perder jamás y que por fin alguien le había puesto orden y sentido a las cosas….
En efecto a lo que juega ahora el Tenerife nada tiene que ver a lo que lo hacía con Cervera. Esto es otra cosa. Y, en medio, un Maxi que no para de marcar, un Diego que sigue sin recuperarse del todo y un Prats que me está gustando sus participaciones. Pero la competición, digo yo que por algo se llamará el Torneo de la Regularidad. Es como si tienes unas oposiciones a Notario, te rascas la barriga durante cinco meses y de repente pretendes sacar una matrícula de honor estudiando a fondo las tres últimas semanas. Jamás será posible sacarlas.
Milongas. Por un lado y por otro. Milongas con nata, fresas y sirope si lo desean. El equipo sumará 5o o 51 puntos y luego se relajará porque la tensión ha sido demasiada y porque sus mentes no están programadas, a estas alturas de temporada, para hacer algo superior a eso. Quien haya practicado algún tipo de deporte sabe a lo que me refiero: generalmente los objetivos se marcan con mucha antelación y el ascenso nunca fue la prioridad. Por eso, pretender que después de meses y meses de campeonato, tengas que cambiar tu chip para hacer cosas increíbles, resulta una faena. Nunca se crean nada. Ni se dejen vender nada que realmente no lo necesiten en sus vidas. Algún año el equipo subirá. Por lo pronto este tendrá que sudar para salvarse. Y esa es la verdadera realidad. Por mucha milonga que quieran meterles en la cabeza.