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Milenarios

Por @juanjo_ramos 

Tiene un valor indudable que cuatro jugadores con, entre nueve y seis años de estancia en el CD Tenerife, hayan sumado más de 1.000 partidos con la camiseta blanquiazul y sigan teniendo un peso importante en el equipo.

Hay quien pudiera encontrar en ello un problema por no haber encontrado sucesores a la altura, más jóvenes y por tanto con un recorrido mayor por delante. Pero quien así piensa demuestra un desconocimiento absoluto del fútbol y del mercado.

No es fácil encontrar gente tan profesional, tan comprometida y con un rendimiento tan regular como Dani Hernández, Carlos Ruiz, Aitor Sanz y Suso Santana. Que sigan ahí es mérito suyo más que demérito del director deportivo de turno. Decir lo contrario sería menospreciar a cuatro profesionales de un nivel tan alto como el suyo.

Si tres directores deportivos distintos han intentado encontrar un relevo a su altura y no lo han conseguido, será que no es tarea sencilla. Si preferimos convertir esto en algo negativo, igual el problema es que en estos tiempos nos cansamos rápido de las cosas.

Yo prefiero valorar la hoja de servicios. Saber que los cuatro capitanes blanquiazules nos dejaron a un pasito de Primera en 2017, pero sobre todo que nos han salvado de situaciones críticas dando un paso adelante cuando los fichajes fallaban, los entrenadores caían y el entorno se volvía más y más tóxico.

De ellos nunca recibimos una mala palabra ni un mal gesto. Nunca una queja en voz alta sobre su situación, aunque vengan siendo renovados año a año y se estén jugando los garbanzos de su familia. Puede que para alguno/s haya llegado el final. Pero en cualquier caso será su final como jugador, no como blanquiazul/es.

Porque a gente así -como Dani, Carlos, Aitor y Suso- hay que tenerlos cerca cuando cuelguen las botas. De tinerfeñismo le pueden enseñar a más de uno que nació aquí y que piensa que lo mejor que puede hacer por este club es dar por saco hasta que sea como ellos quieren y manden quienes ellos quieran.

En cambio, nuestros cuatro capitanes nunca se pararon a pensar si les gustaba más el presidente, el director deportivo, el entrenador o sus compañeros. Pusieron siempre por delante el escudo. Tenemos mucho que aprender. Honor y gloria para ellos.