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Miedos

Por @rondoscutillas

Se cerró el mercado. No va más. El Tenerife tendrá que tirar con lo que ha logrado meter en nómina hasta el próximo mes de enero. Sacudido en sus cimientos por la decisión del representante de Nano de sacarlo del club con el campeonato ya empezado, los despachos del Heliodoro han vivido una frenética contrarreloj desde el pasado sábado para tratar de apuntalar un bloque que, transcurridas apenas dos jornadas, ya ha desnudado buena parte de sus carencias.

Que la Segunda es una categoría muy igualada es evidente. Y cada temporada las fuerzas se nivelan todavía más. Por eso, conviene tratar de asegurarse al equipo más competitivo posible, especialmente cuando evidencias un problema notable a la hora de anotar goles que, al fin y al cabo, son los que te hacen ganar partidos y sumar puntos.

El debate sobre si la plantilla es mejor, igual o peor que la del curso pasado está servido. Así que yo también me mojo. El Tenerife tiene un chasis muy estable. Suficiente como para competir con garantías. Es un bloque sólido, capaz de plantarle cara a cualquier equipo de la categoría sobre el terreno de juego. Pero le faltan los elementos determinantes. Las famosas mejoras que hacen que un Fórmula 1 pueda ser unas décimas más rápido que sus rivales en cada vuelta. Una se llamaba Nano y el club cedió a su voluntad de irse a otro sitio, en este caso el Eibar, a intentar progresar. La otra pieza es el ‘Choco’ Lozano, averiada más veces de lo que sería deseable o imposible de acoplar cada semana al monoplaza blanquiazul por culpa de los innumerables compromisos internacionales con su Honduras natal.

Con este panorama, Serrano ha firmado a Amath N’Diaye para tratar de aumentar el factor de desestabilización por las bandas; a Aarón Ñíguez, otro elemento vertical de segunda línea para enlazar con los jugadores más avanzados y aportar cosas a balón parado; y a Haythem Jouni, del que poco sabemos excepto que es delantero y proviene de un lugar tan exótico como Túnez. Ninguno de ellos parece responder al perfil que tenía Nano, así que me temo que será un curso en el que se añorará en exceso al delantero lagunero.

Escribí aquí hace poco que si yo fuese Nano habría continuado en el Tenerife. Y si yo fuese su agente también lo habría dejado aquí. Era el mejor escenario posible para que creciese y fuese aún más protagonista de lo que consiguió la pasada temporada. Pero uno solo es un ‘ajuntaletras’ y entiende menos de esto que reputados profesionales como el señor Peraza, que ayer mismo recomendó a Cristo González que no aceptase la oferta de la entidad blanquiazul para hacerlo profesional cuando se pasó todo el curso pasado reivindicando esa condición para su representado.

Es curioso también que Omar Perdomo, al que costó sangre, sudor y lágrimas renovar la pasada campaña (y que no ha vuelto a ser el mismo desde que firmó ese documento), Nano y Cristo González compartan representante. También lo es que los tres hayan remado, contra viento y marea y por deseo de su asesor futbolístico, para abandonar la nave que los formó (en el caso de Nano y Cristo) y el club que le dio la última oportunidad para ser un futbolista de verdad (en el caso de Omar Perdomo). Allá ellos.

El Tenerife, al que algunos se empeñan en vulgarizar y situar como la mayor catástrofe futbolística desde que aparecen dos resultados negativos, resulta que ha traspasado a Nano por 3,2 millones de euros. El precio de venta es magnífico y el hecho de que los blanquiazules se garanticen una futura cesión y, además, el 10% de una posible venta del Eibar por encima de esa cifra convierten a esta operación en inmejorable desde el punto de vista económico. Sin duda, la mejor de todo el verano entre los equipos de Segunda. Todo un espaldarazo a la labor formativa de la cantera de Geneto, capitaneada por Sesé Rivero, si se tiene en cuenta las cifras que se manejaron para delanteros mucho más reputados en la categoría que el nuevo inquilino de Ipurúa. Así, el Osasuna pagó 1,7 millones al Elche por el ‘pichichi’ Sergio León y el Alcorcón pidió ayer 2 al Córdoba por la venta de un David Rodríguez por el que los andaluces apenas ofrecieron 1,5.

Volviendo al inicio, se cierra el telón hasta enero. Seguro que ahora veríamos las cosas con una perspectiva mucho más esperanzadora para el Tenerife de haber fraguado los intentos por Naranjo (que seguirá en el Celta), el bético Portillo (que prefirió el escaparate del Getafe) o el colombiano Sebastián Rincón, delantero del Tigre argentino. Pero ya está. No hay más cera que la que arde. Toca tirar con los que están. Y confiar en ellos. Apoyar cada domingo desde la grada y tratar de desterrar lo antes posible todos los complejos y los malditos miedos.