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Miedo e ilusión

Por @juanjo_ramos

Le entran a uno los miedos ante partidos tan importantes como el del domingo en Pamplona. Porque este Osasuna es mucho Osasuna. Lo vi hace dos semanas en su última comparecencia en casa ante el Zaragoza y desplegó un gran juego. Encerró en muchos momentos a su rival y enseñó una de sus grandes fortalezas: el bloque ofensivo. Quique, Ibáñez, Lasso, Barja… luego Xisco, David Rodríguez… y faltan Torres o De las Cuevas. Un lujo.

Es, además, un equipo más hecho que el Tenerife. Con una idea definida y trabajada desde la jornada 1. Sólido en defensa. No es brillante, pero sí es muy agresivo en ataque. Tiene detrás una afición volcada que, probablemente, llenará El Sadar pese a la Semana Santa.

“Quedan diez finales”, anunciaba el propio club navarro al poner en marcha las promociones para el encuentro. Tampoco se le escapa, por tanto, la trascendencia del choque a los rojillos.

El Tenerife, en cambio, viaja con ausencias (Juan Villar, Aitor Sanz, Camille y Malbasic). También con las dudas que le han acompañado toda la temporada cuando juega fuera de casa, donde baja mucho su rendimiento. Desarmado en la segunda parte de Soria, sabe que repetir esa imagen en un tramo del partido de este domingo supone su condena. También que una derrota le deja casi seguro sin opción de playoff (estaría a 7 de Osasuna, puede que a la misma distancia del Oviedo y a 9 del Granada, que debería ganar en Lorca).

Pero nada está escrito. Porque sí, no nos engañemos, el favorito es el conjunto local. Aceptando eso, el Tenerife de Etxeberria no es un adversario fácil para nadie. Algo que hemos ganado. Este equipo tiene ahora una idea de juego, un once casi definido y una dinámica positiva (5 victorias, 1 empate y 1 derrota en 7 partidos). Los jugadores saben que están a un empujón de recuperar el cartel de aspirantes al ascenso. Saben también que eso pasa por Pamplona y cuentan con la insolencia del aire fresco que ha entrado en el once (Alberto, Milla, Mula…).

El miedo, por tanto, es irracional. Y si cuenta con una pequeña parte racional, está más relacionada con la temporada completa que con el momento actual. Hay partido. Sobra ilusión. Ganar en Pamplona es alimentar el sueño de vivir otro mes de junio eléctrico, como el del año pasado: partidos cada cuatro días, viajes, campos llenos (el Heliodoro incluido), la Primera a dos pasos… ¿Por qué no? Para lamentar, llorar o recalcular siempre hay tiempo en caso de tropiezo.