Por @ivanvillanua
Fue el pasado jueves cuando se desató un vendaval de tuits debido a unas fotos que se publicaron antes de lo debido con Ayoze Pérez como protagonista posando con su nueva camiseta. Aficionados y profesionales de la comunicación dieron su opinión. Unos a favor de verlo sonreir en su nuevo vestuario y otros molestos porque podía haber esperado un poco más (solo a que terminara la liga), para subirlas a las redes sociales. De hecho en el vestuario tinerfeño también causó cierto malestar porque no entendían las prisas para un asunto en el que, hasta ese momento, todos estaban de acuerdo: Ayoze es un futbolista excepcional y triunfará allí donde vaya. Solo que esa despedida no estaba siendo la más correcta.
Las opiniones son comos los traseros: todos tenemos una. Y en mi caso mi opinión ha sido que el chico cometió un error y que tiene 20 años para tomar decisiones que pueden beneficiar o perjudicarle aunque solo sea por unas horas. Otros fueron más allá y también opinaron sobre la responsabilidad solidaria del club o del representante del futbolista como Pablo Albelo, director de este medio. Absolutamente respetable.
Es entonces cuando leo en Twitter al periodista Manoj Daswani apunta que criticar al jugador como se estaba haciendo, cuando incluso llegó a disputar partidos con la uña rota o tras el fallecimiento de un famliar cercano, era mezquino y daba asco. Es una opinión perfectamente comprensible y está en su derecho, por supuesto, de opinar así. Tan lícita como la del periodista Albelo. Porque periodista no es el que termina la carrera: ese es licenciado. Y para mi Pablo, como muchos compañeros de los medios, son periodistas. Y por encima de todo, trabajadores incansables.
Pero he ahí que me surgió la duda. Y entonces se me vino a la mente el desgraciado día en el que murió Tito Vilanova, el viernes 25 de abril de 2014. Aquel entonces, un aficionado del Tenerife, lanzó un tuit comentando que no entendía por qué el club blanquiazul tardaba tanto en enviar el sentido pésame a través de las redes sociales. Realmente sí que lo había hecho en tiempo y forma. El aficionado envió un mensaje mencionando en el texto al @cdtoficial. A nadie más.
Poco después, el periodista Manoj Daswani (que no fue citado en el tuit), le respondía lo siguiente:
Y ustedes se preguntarán a qué viene esto. Pues bien: Tito Vilanova murió de cáncer. Peleó hasta el final como un jabato, hasta que no pudo más. El técnico blaugrana no conoció jamás a Raquel Sánchez, pareja de Javier Armas que murió de cáncer unos meses antes que Vilanova, después de enfrentarse a esa puta enfermedad durante ochos años, sufrir más de una veintena de operaciones y algunas cosas más que prefiero no añadir.
A Javier, como a la familia de Raquel, como a mi, como a todas esas personas que han perdido un familiar por el cáncer o que han sufrido esa enfermedad y que gracias a Dios siguen con vida, se nos estremece el corazón cuando nos enteramos de una pérdida por este motivo o sabemos de una persona cercana que ha conocido que tiene la enfermedad. Porque enterarse de algo así, como la muerte de Tito ese día para Javier y muchas más personas, es recordar millones de cosas y venirte abajo. Vamos que no es necesario que nadie nos refresque nada. Es escuchar «muerte» y «cáncer» para que alguna que otra lágrima se les escape a esas familias.
Dicho lo cual, si criticar en las formas de la salida de Ayoze es mezquino o da asco, entrar en una conversación en Twitter cuando no se es mencionado para enviar un mensaje al director de comunicación del Tenerife (con el que no tiene una buena relación), sabiendo que ese precisamente sería un día de mucha tristeza y dolorosos recuerdos, posiblemente tenga la misma definición. U otra.
PD: Aprovechando esta columna y que hablo del cáncer, invito a todos a que colaboren siempre que puedan con la AECC. Vale mucho la pena. Ojalá encontremos pronto una solución a esta mierda que nos está matando sin poderla detener de manera definitiva.