por @juanjo_ramos
Se acabó el mercado de invierno y al Tenerife le quedan por delante 19 semanas para asegurar la permanencia y, si se puede, ilusionar a su afición con metas mayores. Lo normal, no nos engañemos, es que el equipo acabe nadando en tierra de nadie. Porque ni es uno de los cuatro peores ni ha demostrado estar a la altura de los seis mejores. Pero hay más cosas en juego en estos meses.
De aquí a junio se dirimirá la contienda electoral que acabará con la etapa Concepción en el club. También se la jugará Alfonso Serrano, al que parece haberle invadido en esta segunda etapa una continua sensación de provisionalidad. Pero sobre todo se la jugarán José Luis Martí y sus futbolistas. Entre estos últimos porque hay jóvenes que deben ganarse la continuidad o dar el salto definitivo y veteranos cuyo rendimiento debe adaptarse al rol económico que tienen en la plantilla.
El caso que más me preocupa, no obstante, es el del técnico. Algo me dice que llegará lejos. Y ojalá sea en el Tenerife. Pero ha llegado en un momento difícil para la entidad. Eso debe servir como atenuante, pero no como justificación permanente. Por eso, tiene que saber que el respaldo mayoritario que ahora posee no es imperecedero. Y que las sensaciones con las que acabe la temporada pueden reducir su crédito a la mínima expresión.
Le ha llegado el momento de las decisiones. Sobre el modelo de juego y los mejores actores para interpretarlo. Va a tener que lidiar con los sacrificados, que tiene que haberlos y él lo sabe. En su haber está el crecimiento de Jorge y Omar Perdomo. Pero también sus dificultades para encajar el talento de Tommy o desprenderse de un trivote defensivo que condiciona de forma exagerada el funcionamiento colectivo.
Los resultados le dan la razón. Pero por poco. Martí entró con buen pie. Ahora le toca dar el siguiente paso. A él y al Tenerife.