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Mentalidad de pobre (27-2-14)

@juanjo_ramos

Este sábado se cumplirá una vuelta completa de la primera victoria del CD Tenerife en la presente temporada. La trayectoria mejoró ostensiblemente desde ese momento y, más si cabe, a partir de la visita a Ponferrada. Pero las razones para ese crecimiento empiezan justo en esas seis jornadas iniciales. Hundido en la tabla, sin sumar fuera, empatando en casa y castigado duramente por sus limitaciones. Así empezó el equipo de Álvaro Cervera.

El golpe de realidad fue tal que a todos nos entró la mentalidad del equipo pobre. Había que sobrevivir como fuera. Daba igual las formas (el estilo de juego) o el nombre e historia de la entidad. El objetivo era no retornar a Segunda B. Desde el trabajo, la humildad, la solidaridad y los resultados que poco a poco fueron llegando, aquel Tenerife fue creciendo hasta forjarse una identidad: es un equipo incómodo, que defiende bien, al que cuesta hacerle goles, que no baja los brazos si se ve por detrás en el marcador y que explota el contragolpe como pocos.

Su cualidad principal es que se trata de una escuadra camaleónica. Capaz de jugar distinto de una semana a otra. Incluso en tramos del mismo partido. De cambiar de once sin que se note en exceso. De matizar su fórmula en función del rival, el estadio o las condiciones del césped. En definitiva, una plantilla plagada de debutantes que aprendió a competir. Que corre más que el rival y que esconde sus limitaciones.

A esta fórmula, nada mágica desde luego pero muy efectiva, hay que sumarle la eclosión de Ayoze Pérez. Sus compañeros se han adaptado a él, sacrificándose de forma extrema en algún caso como el de Aridane, para que el de María Jiménez explote su calidad y aporte los goles que no tenía este recién ascendido. La consolidación de Roberto, el crecimiento de Bruno a la vera de Carlos Ruiz, el ejemplo de Aitor Sanz que ha ayudado a recuperar al mejor Ricardo, el esfuerzo de Raúl Cámara, el vértigo de Suso… Todo ha ido apareciendo de manera natural con el paso de las jornadas.

Ahora, a un tercio para el final de la Liga, están en el camino para certificar el objetivo que parecía casi imposible hace justo una vuelta. Y aunque las sensaciones son infinitamente mejores, cada victoria sigue costando sangre, sudor y lágrimas. Por eso, el Tenerife no es un aspirante al play off. Pero puede llegar a serlo. Para ello, debe alcanzar los 50 puntos y seguir teniendo el hambre de ahora. Si es así, se llevará a más de uno por delante. Pero ese momento no ha llegado. Hay que seguir remando hasta la orilla.