Skip to main content Scroll Top

Mecha prendida

Por @beatrizpalmero

 

La rutina de la cotidianeidad es tan inexorablemente monótona que, inevitablemente, una sola chispa basta para prender la mecha. Y, sin quererlo, ya estamos otra vez henchidos de esperanza que, dicho sea de paso, parece la compañera inseparable de la soledad, ya que ambas tienen la persistente manía de resistirse a abandonarnos.

Y, no vamos a negarlo, es irresistible agarrarse a esa ilusión que, por un instante, nos augura un futuro inmediato distinto al que teníamos en el horizonte. ¿Y por qué no? A fin de cuentas se vive mejor pensando que las cosas a corto plazo van a ser mejor de lo que teníamos en mente.

Y así, las próximas semanas, que se antojaban el paso inevitable hacia un fin de liga insulso en el que, al menos, teníamos la esperanza de llegar sin apuros, se nos figuran de una forma diferente. Zaragoza, Osasuna, Lugo y Alavés no suenan a cuesta tan dura después de haber acabado con la imbatibilidad del Leganés. Y de haberlo hecho jugando de tú a tú e, incluso, habiendo sido por momentos superior al líder.

Claro que hay otros lunares que no podemos obviar. Por ejemplo, fallar un penalti, no tirar a puerta vacía, no aprovechar las oportunidades que se dan para plasmar la superioridad y, sobre todo, para no sufrir. Y aunque cinco puntos con respecto al sexto nos parezcan superables, hay que pensar que son cinco puntos de más que hay que conseguir no sólo con respecto al Zaragoza, sino con respecto a los otros siete equipos que le siguen y que preceden al Tenerife. Se necesitarían mantener los números del último mes y medio y una racha similar a la protagonizada por el Córdoba de Albert Ferrer en la temporada 2013-14 para aspirar a estar en las eliminatorias de ascenso.

Así pues, la razón, siempre incordiando, nos dice que es más complicado engancharse a la lucha por los playoffs que acabar la temporada plácidamente, en tierra de nadie, que, por otra parte, no estaría nada mal y habríamos firmado tranquilamente hace unas semanas. Pero, qué le vamos a hacer. Javi Lara prendió la mecha. Vamos a ver si cuando llegue al final, la ilusión nos explota en la cara o si lo que explota es un inesperado fin de fiesta. Que una alegría nunca le viene mal al cuerpo, por mucho que la razón nos diga lo contrario.