por @juanjo_ramos
Me gusta que haya jugadores del Tenerife “decepcionados” porque no se reconocieron en Córdoba. El primer paso para superar un problema es reconocerlo. El otro día no fallaron los fichajes que están aquí o los que están por venir. Falló la actitud, la intensidad, la tensión competitiva.
No me gusta que José Luis Martí predique una cosa y haga otra. Sea por sus futbolistas o por las circunstancias, el equipo blanquiazul no fue protagonista en el Nuevo Arcángel. No jugó en campo contrario (hasta que el rival se lo permitió) ni recuperó el balón lejos de su portería ni lo manejó con criterio.
Me gusta que Choco Lozano esté en la Isla deseoso de jugar este viernes y ayudar al equipo. Tanto como que Nano hay forzado los plazos de su recuperación para ponerse a tono y jugar ya contra el Sevilla Atlético. El gol, en este equipo, son ellos. El proyecto, por tanto, lo harán bueno ellos.
No me gusta que solo haya 6.000 abonados. Ni que haya gente enrocada en no ir al Heliodoro porque el presidente es Concepción o las aspiraciones del equipo no son las que creen. Tampoco que en el club sigan pensando que no pueden hacer mucho más. Reflexión. Y de todos. Porque los rivales, vengan de una buena temporada o no, tengan un presidente apoyado o no, crecen y crecen en el número de abonos. El Tenerife, no.
Me gusta que Alfonso Serrano mida sus pasos en estos momentos finales del mercado de verano. Es fundamental acertar con el delantero que dará aire a la pareja Choco-Nano y, sobre todo, con ese mediapunta que complete el fútbol del equipo. Pero tiene que acertar. Sí o sí.
No me gusta que ya haya gente con los cañones preparados si se da otro tropiezo. No hemos aprendido nada. Unidos o al desastre. No hay otro camino.
Me gusta que los buenos profesionales se puedan ir de este mundo de los medios de comunicación por la puerta grande, recogiendo cariño y respeto. Justo lo que merecen.
No me gusta que tantos de los buenos estén fuera. Porque eso quiere decir que este mundo es injusto, no compensa o premia, demasiado a menudo, a los mediocres dispuestos a cobrar cuatro duros, a los que tragan con el poder y a los que lo ostentan olvidando lo que eran antes.
P.D. Es posible que yo no sea objetivo, pero nadie me negará que tú, Beatriz Palmero, eres de las mejores profesionales que ha habido estos años en los medios de comunicación. Te vas para vivir un nuevo desafío, pero sé que nunca perderás la pasión con la que ejercías (y de alguna forma seguirás ejerciendo) el periodismo. De ti aprendí muchas cosas y de ti sigo y seguiré aprendiendo.