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Maxi y las musas (8-4-15)

Por @jf_rojas

Viendo el domingo a Maxi Pérez recordé una vieja reflexión que me hago de vez en cuando sobre los delanteros. Nunca he entendido bien por qué son tan escasamente generosos en el esfuerzo colectivo. Con relativa frecuencia el jugador de medio campo hacia delante se acomoda en sus virtudes reduciendo su aportación a aquello que considera que hace mejor, ya sea meter goles, regatear al contrario o dar pases en profundidad. No es corriente encontrar a delanteros que además de lo sublime entreguen al grupo ese sacrificio que podría aportar el menos dotado de los deportistas. Quizás lo desprecien porque consideran que está al alcance de cualquiera pero al hacerlo renuncian a ese plus que separa a los buenos futbolistas de los determinantes. 

Es posible que correr pueda parecer una vulgaridad pero hay jugadores que han hecho carrera en el fútbol profesional con poco más que eso. No digamos ya los que  suman al esfuerzo un talento innato. Futbolistas como Raúl González se distinguieron siempre por demostrar que cualquier carrera aparentemente estéril puede adquirir un valor táctico incalculable. Somos muy de etiquetar como tribuneros o farsantes a los jugadores que persiguen pelotas inalcanzables pero cuando lo hacemos ignoramos que la sola amenaza de la aproximación de un rival condiciona radicalmente al contrario. Un portero o un defensa presionado es mucho menos preciso y tiende más a precipitarse, empeorando la salida de balón y aumentando las posibilidades de pérdida.

Quizás una parte significativa de la aportación actual de Maxi tenga que ver con un momento de inspiración. Es posible incluso que no sea un futbolista especialmente bendecido técnicamente y que tenga menos gol del que parece por los últimos partidos. No obstante, jugadores como el uruguayo aseguran esas cosas terrenales que hacen mejores a los equipos. El movimiento constante, la presión a la salida del balón o la generosidad en las ayudas son cualidades que no dependen de las musas. La presencia de Maxi en el campo garantiza un trabajo y unas alternativas ofensivas que, por ejemplo, delanteros más dotados como Ifrán no pueden o no quieren ofrecer. Imaginen si el 19 del Tenerife sumara a su oportunismo y calidad la voluntad que pone su compañero de línea. Sería muchísimo mejor pero por motivos que ignoro, él y otros como él, eligen reducir sus intervenciones a momentos aislados. Ellos sabrán.