Por @beatrizpalmero
Decía Francisco de Quevedo, uno de los ilustres de nuestra literatura, que quien “quiere en esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos en la vida”. Y aquí estamos, enormemente disgustados en la jornada 8 porque, ay, queríamos liderar la tabla y nada parece salir a nuestro gusto: ni el equipo juega como queremos, ni metemos los goles que habíamos imaginado, ni nos ha durado tres semanas nuestro eterno idilio con José Luis Oltra. No pienso ir más al Estadio del disgusto tan grande que tengo. Y así en bucle, hasta que un día se alineen los planetas y salga todo como queremos y entonces ya nos veremos otra vez en la cima del Everest sin esfuerzo.
Qué malas son las expectativas. Terribles. Cuántos disgustos nos dan las malditas expectativas. Tal vez debamos volver a los clásicos, a los filósofos de toda la vida como Heráclito, aquel que acuñó el pensamiento de que todo fluye. El pensador griego aseguraba que “sin esperanza se encuentra lo inesperado”. Liberémonos de aquello que esperamos, librémonos de lo que imaginamos y de lo que soñamos, veamos al Tenerife sin esperanza, tal vez entonces seamos capaces de encontrarnos con algo inesperado. Mirando la vista atrás, aquellos años en los que menos esperanza teníamos fueron los años que más disfrutamos, empezando por la temporada que culminó con el ascenso en Girona. ¿Quién hubiera esperado vivir un año tan espectacular en noviembre, cuando se especulaba con la destitución de Oltra? ¿Quién hubiera imaginado que rozaríamos los playoff el año que regresábamos a la división de plata tras dejar atrás el infierno de la Segunda B? ¿Quién habría soñado con quedarse a un gol del ascenso en Getafe después de haber conseguido sólo dos victorias en las primeras once jornadas? Nadie. Pero entonces no había grandes esperanzas, lo que desdramatizaba lo que sucedía en cada partida, lo que evitaba disgustos colectivos, lo que, a su vez, enrarece el ambiente y aumenta la presión sobre el equipo. La eterna pescadilla que se muerde la cola. Vivir una desilusión continua.
“La vida se ríe de las previsiones”, escribía Saramago, Premio Nobel de Literatura, a quien estos días se ha homenajeado en Lanzarote. Por eso se ríe de nosotros. Pensemos sólo en el día a día, en el ahora, matemos nuestras esperanzas, nuestras expectativas, evitémonos nuevos disgustos. Y centrémonos sólo en el próximo partido. Nos haremos un favor. Y al equipo también.