Empezando por donde terminamos la semana pasada, convendría aprovechar estas semanas sin fútbol para subrayar el papel jugado por la cantera durante las últimas temporadas. Desde que el club, forzado por las circunstancias deportivas y las limitaciones económicas, se viera obligado a reagruparse en su gente, la respuesta del filial siempre estuvo a la altura, si no por encima de las mejores expectativas. La cantera proporcionó el aire que necesitaba la entidad en un tiempo en el que apenas había qué respirar y en temporadas más recientes, aún después de que el presidente dinamitara la apuesta, el futbolista procedente de las divisiones inferiores siguió siendo el punto de referencia sobre el que hacer pivotar las posibilidades del equipo. Todo ello, venciendo los prejuicios históricos que desde tiempos inmemoriales inclinan a la gente a sospechar del jugador de aquí.
Crecí como aficionado en un ambiente propenso a cuestionar al futbolista tinerfeño. En la etapa dorada de la entidad casi todo el mundo en la Isla consideraba una utopía localista y poco ambiciosa la idea de que el Tenerife centrara su modelo en la fabricación de jugadores. Luego, los años transcurridos, los sucesos presenciados y la evolución del fútbol y la economía han ido cambiando la perspectiva. Quizás hace 20 temporada era posible que un equipo como el Tenerife, explotando al máximo la imaginación y los recursos económicos, aspirase a competir en la élite con una política de fichajes agresiva. Hoy, en cambio, con una Liga en la que las diferencias financieras son cada vez más acusadas, la única oportunidad de reducir ese desequilibrio reside en la formación y la promoción de los futbolistas propios.
Todo apunta a que la interinidad institucional en la que vive el club mientras Concepción no se marche funcionará como excusa para seguir viajando por tierra de nadie un año más. El Tenerife contará con los futbolistas de casa que tenemos en mente pero dudo que lo haga con la convicción que exige un verdadero modelo de cantera. Una auténtica apuesta no sólo precisaría de la incorporación al primer equipo de esos futbolistas sino además de un método de trabajo que les protegiera y priorizara frente a los objetivos de corto plazo. La política de cantera es una estrategia de largo recorrido que necesita de la implicación de todas las estructuras del club, desde el presidente hasta la propia afición. Un proyecto de fondo que exigiría una reflexión y un debate profundo que no se respira en la Isla ni de lejos. Aquí de la cantera se habla mucho pero se piensa poco. Por eso me temo que, aunque parezca lo contrario, el año que viene la vida seguirá igual en la Ciudad Deportiva.