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Más de lo mismo

Redacción Deporpress | Ni la remontada en el derbi canario parece cambiar el timón de este equipo. Ni el espíritu Carlos Ruiz. Ni verse con la soga al cuello. Nada. Un Granada cargado de confianza que va camino del ascenso directo sacó –otra vez- los colores a un Tenerife errático e improvisado lejos del Heliodoro. Un equipo sin alma. Como decía Oltra en rueda de prensa: “Tenemos que pedir disculpas por el partido”. Y no es para menos.

El técnico sorprendió a propios y extraños desde el once inicial. Numerosos cambios donde no se sabía exactamente cómo encajaban las piezas hasta que arrancaba el partido. Luis Pérez por delante de Cámara, Lasso ejerciendo de Milla o Suso a banda cambiada eran algunos de los ejemplos que demostrarían en un corto plazo de tiempo que jugar a hacer experimentos ante un equipo plenamente automatizado en su juego e inspirado de confianza es un error enorme. Y entonces, los errores individuales volvieron a condenar al representativo. A los diez minutos: pérdida de Racic, rápida transición del Granada y gol de Rodri. A remar a contracorriente otra vez.

No tuvo que exprimirse demasiado un Granada que encontraba petróleo por cada área de influencia de escaso dominio blanquiazul. Se rompía el plan y el técnico blanquiazul volvía a unos esquemas más habituales. Pudieron golear. Y el 2-0 llegó en otro error flagrante tras una jugada a balón parado. Los nazaríes le comían la tostada en cada acción a los tinerfeños, quienes esperaban como agua de mayo el descanso. La madera y la falta de definición evitaron una derrota sonrojante.

El gol de Malbasic en la recta final fue injusto por merecimientos. El aficionado blanquiazul se va con la sensación de no saber si el portero de ellos, Rui Silva, era realmente bueno o malo. No inquietó nunca la parroquia insular. Y menos entre los tres palos.

Las disculpas y las excusas se acaban. Perder entraba dentro de lo normal: por dinámicas, por estado de confianza, por plantilla. Pero no de esta forma. Repitiendo errores y con la sensación de que el resto tienen que ser peores para salvarte de la quema de la Segunda División B. En definitiva, pensar más en la incapacidad de terceros que en las posibilidades de uno mismo. Y las cuatro finales que quedan –Elche, Oviedo, Lugo y Zaragoza- no se sacan únicamente “pensando en el próximo partido” o pidiendo disculpas reiteradas al respetable. El tiempo agota, las sensaciones son poco esperanzadoras y el futuro del Tenerife se juega en las próximas cuatro semanas.