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Makanaky: brujería en el Barcelona…de Guayaquil

Por @josefelipem

Pocas selecciones en la historia del fútbol lograron la simpatía del público como la Camerún de Italia90. Su estreno, derrotando a Argentina en el partido inaugural, los bailes de Roger Milla cada vez que anotaba un gol o las estiradas de N’Kono provocaron que los Leones Indomables se hicieran un hueco en el corazón de los aficionados. Como suele suceder en cualquier competición de este tipo, una buena actuación de un equipo suele conllevar el interés de muchos equipos por hacerse con algunos de sus integrantes y eso fue lo que le sucedió, precisamente, a Cyrille Makanaky.

Cyrille era un buen centrocampista que había llamado la atención, entre otras cosas, por sus características trenzas. El Málaga, en Segunda División, se fijó en él con el objetivo de que fuera uno de los referentes de un equipo que quería retornar a Primera el curso siguiente. Makanaky, en su presentación, asumió el reto, lo que provocó que en la Costa del Sol el optimismo fuera la tónica predominante en lo que se refería a su equipo de fútbol.

Makanaky llegaba, como muchos jugadores africanos, de la liga francesa, concretamente del Toulon, un modesto conjunto acostumbrado siempre a militar en categorías inferiores. Sin demasiado cartel en lo que a su participación en la competición gala se refiere, el camerunés, tras su buen Mundial, no hizo una mala primera temporada, pero las lesiones, y según muchos la noche malagueña, provocaron que toda acabara mal.

La campaña siguiente, la 91/92, el CD Málaga descendería a la Segunda División B y  acabaría desapareciendo como club, teniendo que refundarse y comenzar desde las categorías más bajas. Míticas fueron las entradas de público en La Rosaleda en Tercera División, con más espectadores incluso que en Primera. En definitiva, el jugador, que había llegado a Málaga para subir a Primera acabó con el equipo en Segunda B y el club desaparecido. La apuesta buena, buena no salió.

El camerunés haría las maletas rumbo al Villarreal, antes de vestir la camiseta del Maccabi de Tel Aviv y aterrizar en el Barcelona de Guayaquil ecuatoriano, donde nuestro protagonista entraría, definitivamente, en la historia de las anécdotas más curiosas del fútbol.  Fue en 1996 cuando el camerunés decidió denunciar a su club al deberle éste 200.000 dólares. Los ecuatorianos se negaron a pagarle y Cyrille consideró que lo mejor que podía hacer, más allá de abogados y demás, era ponerse en contacto con un brujo de su país que echaría una maldición al Barcelona de Guayaquil.

Desde el año 1997 –la maldición tardó un año en funcionar- hasta 2012, el Barcelona, que hasta el momento era el club que ocupaba el primer puesto en la clasificación histórica del fútbol peruano, no ganó una sola liga, y lo cierto es que solo ha podido ganar uno de los 18 títulos disputados desde que Makanaky, la estrella fugaz del Málaga, recurrió a los servicios de un brujo camerunés.