Por @beatrizpalmero
Cuando era una adolescente descubrí que había acontecimientos que, más allá de lo tangible, de los hechos simples y llanos, tenían algo de magia. Sí, magia. Esa sensación de que estás viviendo un momento especial, único; un momento en el que te ves envuelto en una corriente cálida, que no sabes muy bien de dónde viene, pero que compartes con alguien o con otros muchos y que te hace sonreír sin ningún motivo, por el simple hecho de vivirlo, de estar en el momento justo en el lugar preciso. Y muchos de esos momentos mágicos los he vivido asociados al deporte.
Soy del Tenerife por que un día sentí la magia que desprendían aquellos cabezazos de Rommel Fernández que nos daban victorias, vibré con ella en aquella Copa del Rey de baloncesto que fue el preludio a los partidos del Eurobasket ’86, lloré de la emoción la primera vez que vi el Santiago Martín lleno para ver ganar al Tenerife Marichal en la Champions al hasta entonces todopodereoso Uralochka ruso y me sentí como Cenicienta encantada por su hada madrina el día que pisé el taraflex para hacer el inalámbrico en la Final Four que ganó el equipo de Avital Selinger. Años más tarde acabé narrando la última aventura europea del Club Voleibol Tenerife cuando se apagaba la luz del recordado Quico Cabrera.
Hay una magia indudable en un pabellón o un estadio lleno de la ilusión que despiertan determinados situaciones, determinados partidos, determinados momentos. Una magia que permite a todos los que la comparten olvidarse por unos minutos, por una tarde, por un día, de sus preocupaciones, sus quehaceres o sus dificultades.
Y esta semana, es tiempo de magia. Este miércoles el Fígaro Peluqueros vuelve a traer las competiciones europeas de voleibol a Tenerife, siguiendo los pasos de Tenerife y Aguere. Lo que ha hecho este equipo en tan poco tiempo de vida es mágico. Lo que es capaz de general su afición blanquiazul, también lo es. Volvamos a disfrutar de estos pequeños instantes en los que podemos vivir que no existe nada más que la emoción, el deporte, el compañerismo. Porque no sabemos cuándo van a volver, cuándo los podremos disfrutar. Cuándo volverá la magia.