Por @pabloalbelo
Ponemos el as de oro sobre la mesa, majamos al as de espadas que había y nos llevamos todas las cartas y dos piedritas. Así ha sido esta semana para el CD Tenerife. Y es que el conjunto blanquiazul se ha quitado, de un plumazo, a los dos jugadores más problemáticos de la primera plantilla tinerfeñista. Dos jugadores que, una vez vieron que no tenían oportunidad de jugar, en vez de luchar por ganarse el puesto parecían más centrados en fastidiar a los compañeros y al cuerpo técnico que en ponerse en forma para seguir compitiendo.
Lo del Ruso es sobra conocido que, su actitud, dejaba mucho que desear tanto en entrenamientos como en partidos y en el trato con sus compañeros de vestuario. Pero Jacobo casi le iba a rueda. Su primera rueda de prensa una vez había empezado la temporada fue más propia de un jugador que lleva diez años en la Isla y con ganas de pasar facturas que con ánimo de criticar para construir. Quizás en ciertas cosas tenía razón, lo sigo diciendo, pero equivocó las formas y el tono de dirigirse a una afición que acababa de conocer.
Por tanto, me parece que, una vez asumido el error de su fichaje, que está clarísimo a tenor de los minutos del delantero y de los fallos del arquero, lo mejor era sacarlos del vestuario cuanto antes para que no generaran más altercados con compañeros. La reacción de ayer de Jacobo es de multa por régimen interno en cualquier equipo. Si encima no está a gusto, lo mejor es que se vayan, porque dos problemas de ese calibre podían acabar por enquistarse. ¿O no?