por @rondoscutillas
Da gusto empezar un maldito lunes con una alegría como la permanencia del Tenerife. Se ha sufrido más de la cuenta pero, al final, no se ha consumado el irreparable desastre que hubiese supuesto que este bendito club volviese a caer en la Segunda B.
El Tenerife jugó su final y la ganó. Impuso su insistencia a un Betis que, afortunadamente, llegó a la isla como equipo de Primera y cerró con una satisfacción un curso que, salvo en contados partidos, ha sido absolutamente para olvidar.
Ahora se entra de lleno en un periodo de planificación. Unos días en los que hay que elegir el rumbo que marcará el futuro inmediato de una entidad que ni debe ni puede volver a repetir los errores cometidos este año.
Ha sido un lunes de alivio. De esos días en los que te quitas un gran peso de encima. En los que sonríes más y en los que, con satisfacción, compruebas que el universo también te sonríe a ti. Es lo que tiene el sentimiento blanquiazul, ese hilo intangible que afecta al pulso y estado de ánimo de miles de personas que, vayan al Heliodoro o no y vivan en la isla o no, sienten que sus lunes pueden ser mejores o peores en función de lo que haga el equipo de su alma.
El grupo de Agné mereció ganar al Betis. Fue mejor, persiguió más el triunfo y, pese a que la recurrente falta de puntería dio la lata más veces de las deseadas, logró doblegarla desde la insistencia y la fe. El viento a favor de tener más de 19.000 espectadores en el Heliodoro es un factor que hay que intentar repetir. Aunque sea una utopía llegar a ese número de abonados, momentos como los vividos ayer bien merecen una reflexión por parte de los que manejan la entidad para que, sin agraviar a los abonados, haya más domingos con el ambiente que se vivió ante el Betis.
En el tercer párrafo hablé de planificación. Quizá sea el momento de no tener ninguna prisa, de hacerlo de forma reflexiva y analítica para errar lo menos posible. Y de tener en cuenta que el director deportivo actual difícilmente cometerá las equivocaciones que han condenado al Tenerife este año. Cierto es que el sentimiento mayoritario pasa por realizar una ‘limpia’ masiva, despachos y banquillo incluidos, y empezar casi desde cero. Pero desde estas líneas pido, como si fuese mi carta de junio a los Reyes Magos, que consideren la continuidad de Dani Hernández y de Juan Carlos Real como elementos válidos para configurar el Tenerife 2015/16. Eso y que el talento de jóvenes canteranos como Carlos Abad, Jorge Sáenz, Cristo González, Omar Perdomo y los que regresan de sus cesiones en el exterior sea tenido en cuenta y merezca una apuesta firme y decidida por alguno de ellos de una vez por todas.
Y, luego, por fin, ha llegado también la hora de tomar decisiones. Sean o no impopulares. Espero que, por una vez, en el Tenerife ideen un proyecto y lo defiendan como se merece. Es un bonito reto el que tiene el actual Consejo de Administración para marcharse por la puerta grande y dejar un grato recuerdo en los socios y aficionados. El clima de unidad actual debe ser la base sobre la que construir algo que ilusione a los que, por qué no, quieran volver a subirse otra vez al carro el curso que viene. Sobre todo para que la sensación de tener un Heliodoro con 19.193 espectadores que disfrutaron de la milenaria victoria en competiciones nacionales no se quede, exclusivamente, en el maravilloso sueño de un lunes de permanencia.