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Luis Milla

Por @juanjo_ramos

“Me prometieron cosas que no se han cumplido”. La frase es de Luis Milla. La pronunció el 9 de enero en una entrevista que tuve la oportunidad de hacerle para El Día. Se quejaba el centrocampista de un compromiso que había adquirido el CD Tenerife, a través de Víctor Moreno, después de que se le negara la salida en el mercado de verano: mejorar su contrato de forma considerable.

El caso es que de aquellos barros estos lodos. Durante todo el mes de enero, el madrileño ha insistido en que facilitaran su salida atendiendo alguna de las ofertas que llegaban al club. Incluso, en los últimos días de mercado invernal se presentaron en la Isla su padre y el representante Julio Llorente. La respuesta de Miguel Concepción fue contundente: no sale.

La decisión del presidente, que no del director deportivo en este caso, es acertada. No había margen para encontrar un sustituto de garantías ni el beneficio económico de su salida compensaba el sacrificio. Por una vez, querer marcharse no fue suficiente delante del mandatario palmero.

Pero convendría también que el Tenerife hiciera autocrítica. Querer defenderse de esta situación asegurando que el compromiso de mejorar el contrato de Milla era para la próxima temporada es como hacerse trampas al solitario. Aunque así fuera y el chico se hubiera puesto nervioso antes de tiempo, no deja de ser cierto que estamos ante una injusticia flagrante.

Sí, Milla es indiscutible en este equipo. Lo ha sido desde que pisó la Isla. Solo unas molestias musculares y su reciente apendicitis, amén de dos malos días de López Garai, le han alejado del once. Su rendimiento ha resultado más que notable y, aunque no esté precisamente ahora en su mejor versión, sigue sacrificándose por la camiseta blanquiazul como demuestra el hecho de haber jugado 90 minutos en Las Palmas, 120 ante el Athletic y otros 90 contra el Sporting en menos de seis días. Y lo ha hecho sin regatear un solo esfuerzo y con la responsabilidad de siempre.

Por tanto, que el centrocampista madrileño esté en el penúltimo escalón salarial de la plantilla siendo de los pocos intocables para cualquier entrenador que le haya dirigido es una absoluta injusticia. Y es una injusticia que, por torpeza, Víctor Moreno no ha querido o no ha sabido reparar. Le toca a Miguel Concepción, que para eso es el máximo responsable del club, ponerse manos a la obra. Milla debe estar entre los mejor pagados. Es lo lógico. Y cuando corrija esa incongruencia puede pasar a la siguiente misión: renovar a los capitanes, que se lo han ganado. Los cuatro.