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«Los sueños, sueños son» (4-3-13)

Por @beatrizpalmero

Es inevitable. Está en nuestra naturaleza humana. Soñamos. Buscamos una ilusión. Porque, como dijo Calderón de la Barca hace ya unos cuantos siglos la vida es eso, un frenesí, un sueño, una ilusión. Y nuestra ilusión ahora mismo, es mirar la clasificación y echar la vista hacia arriba. Vemos ahí a Las Palmas, a tiro de piedra, tanto como los playoffs y, no podemos evitarlo, nos preguntamos: ¿y por qué no?

Somos un equipo modesto ahora mismo, sí, con jugadores sin excesiva experiencia en la categoría, también, que necesita trabajar mucho en cada partido para no ser un equipo vulgar, sin duda. Pero lo cierto es que está ahí. Ha logrado que pocos equipos de la categoría le superen con claridad. De los que están por encima, ninguno, tan sólo el Zaragoza en la primera vuelta, pero ya en Heliodoro tuvo que sufrir para sacar algo positivo. Si los claros candidatos al ascenso no se han mostrado superiores a este modesto equipo, por algo será.

Digo yo que el Tenerife tendrá mérito, que lo tendrán sus jugadores y también su entrenador que, mal que nos pese, ha dado con la tecla hasta fuera de casa. Y que conste que, tal vez porque nunca he jugado al fútbol (que sí al baloncesto), no he entendido nunca que no se pueda jugar igual en casa que fuera, porque, en mi humilde opinión, las porterías son las mismas y se juega sobre césped igual. Cierto que no siempre está en las mismas condiciones, ni los campos comparten las mismas dimensiones. Pero si sólo cambia la temperatura y la afición, ¿por qué hay que jugar de manera distinta? Yo aspiro a que alguien me lo explique alguna vez, aunque tengan que hacerlo del mismo modo en que le explican las letras a los niños en el parvulario.

Pero a lo que íbamos, Álvaro Cervera ha dado inexplicablemente con la tecla. Ya el año pasado expresó meridianamente que él no cree que un equipo pueda mantener el mismo estilo siempre, que eso sólo está al alcance de plantillas como el Barcelona. Fiel, como siempre, a sí mismo, se ha empeñado en demostrarnos que su teoría es tan válida como la contraria. Él, “estudioso del fútbol” como diría Quique Medina, prepara los partidos fuera de casa a conciencia, nos sorprende de tanto en tanto y las cerveradas, como las han bautizado en las redes sociales, funcionan. Hasta cuando nos parece inverosímil. Y el secreto sea tal vez que, como él mismo reconoció, los jugadores están de acuerdo con él en que fuera de casa deben jugar a otra cosa. Tal vez no. Estoy segura de que esa es la clave. Los jugadores creen en él, y los resultados le refuerzan. Y lo que es peor, los resultados refuerzan nuestra ilusión. Infundada o no, la hacen crecer.

Y, ¡ay!, soñar no cuesta dinero. Déjenme, que estamos en carnavales, soñar al menos esta semana. Es bonito levantarse con la ilusión de que podemos tocar los playoffs. Me parece bien que los blanquiazules no quieran hablar de ello, que sigan centrados en el objetivo de la permanencia. Si así trabajan para esta ilusión, no se lo voy a reprochar. Como diría el poeta Ramón de Campoamor, “¿Sin la ilusión el mundo que sería?” Tierra yerma.