Por @jf_rojas
Tal y como nos temíamos hace una semana, finalmente a Cervera no le destituyen ni Serrano ni Concepción sino el azar del fútbol en forma de gol mal anulado en Albacete. De hecho, es altamente probable que de haber mediado otro arbitraje no habríamos vivido ninguno de los acontecimientos sucedidos estos últimos días. Desde esa certeza, se hace complicado confiar en que salga bien todo lo que se nos presenta por delante. Las decisiones deportivas en el Tenerife suelen venir precipitadas por los acontecimientos y así es difícil, por no decir imposible, consolidar una trayectoria ascendente y estable. Los edificios sólidos no se construyen sobre cimientos improvisados.
Sea como sea, el club ha apostado por el riesgo de lo imprevisible en el momento más delicado de la temporada. El nuevo entrenador, elegido tras varias negociaciones fallidas, encontrará un equipo en plaza de descenso, deprimido tras la destitución de su líder y educado para un fútbol que no funciona. Es posible que la efervescencia del cambio provoque algún efecto pero la incógnita radica en lo que ocurrirá cuando la novedad termine. No tengo dudas respecto a que la plantilla puede jugar más y mejor pero me pregunto si eso puede conseguirse a contrareloj y partiendo de cero. Ojalá que así sea porque de lo contrario el castigo será terrible.
Lo que ya está fuera de toda duda es que Cervera es pasado en el Tenerife. El tiempo dará la perspectiva para enjuiciar su trabajo aunque los números le colocan entre los técnicos más significativos de la historia del club. A Cervera le contemplan dos objetivos cumplidos y un ambiente dividido. Su carácter directo y su escasa mano izquierda son virtudes en otros contextos pero aquí han sido gasolina en un entorno propenso a los incendios. Bajo su mandato el ambiente se ha polarizado hasta extremos poco habituales y aunque no es justo imputarle toda la responsabilidad, tampoco puede ocultarse que desperdició muchas ocasiones para mostrarse más conciliador hacia dentro y hacia fuera.
Su carta de despedida, modélica y elegante, marca el camino de lo que debería ser el futuro próximo. Urge pasar página y curar las heridas de un periodo que seguro dejará cicatrices. Coincido con el llamamiento general a la calma y la unión aunque sin confundirlas con el borreguismo y el atolondramiento. En esta columna seguirán leyendo lo que uno piense del equipo, del entrenador o del presidente con independencia de lo que presuntamente pueda convenir en cada momento. La crítica, si es sana, educada y constructiva, no sólo no es dañina sino que enriquece los debates y ofrece nuevas oportunidades a la reflexión. Igual en esta Isla llevamos demasiado tiempo etiquetando a los que no opinan como nosotros. Ojalá este periodo que se cierra ahora nos enseñara a ser algo más tolerantes con los demás.