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Lo primero

por @juanjo_ramos

Ver al Tenerife jugando contra el Espanyol el pasado jueves en el Heliodoro Rodríguez López me trajo a la mente esa grandeza de etapas anteriores. Y no lo digo porque demostrara el equipo blanquiazul un gran nivel competitivo ni porque fuera manifiestamente superior a su rival y solo el portero Diego López evitara el triunfo local. Entiendo que en este tipo de partidos la motivación del conjunto de Primera División no está a la altura de la de su rival.  Esto suele nublar el juicio real sobre la capacidad competitiva del Segunda, otorgándole una consideración superior a la real.

No se trata pues de la buena imagen ofrecida, sino más bien de valorar una vez más el camino adecuado para tener éxito a la hora de alcanzar el objetivo final del ascenso a la máxima categoría. Un Tenerife comprometido, solidario, intenso y capaz de mantener un nivel alto de concentración en el apartado defensivo es un claro candidato a lograr el salto hacia la élite. ¿Por qué? Pues porque el resto lo hará la enorme calidad con la que cuenta en su parcela ofensiva. Siendo en esta faceta un equipo aún por definir, tiene los resortes necesarios para ganar partidos y estar en la parte alta de la clasificación.

Sucede por tanto que José Luis Martí debe profundizar en el trabajo necesario para que los nuevos se adapten a la identidad que ya había conseguido imponer a los componentes de la plantilla que continúan después de la decepción de Getafe. Ellos saben mejor que nadie el camino. Son, por tanto, los que deben marcar el ritmo. Y los nuevos, adaptarse a él. No nos engañemos. Al Tenerife no le hace falta un mediocentro creativo o un entrenador mejor. Por mucho que esas soluciones parezcan más rápidas.

Para esas decisiones siempre hay tiempo. Ahora no toca. Es el momento de poner sobre la mesa los argumentos que exhibió el equipo en la Copa y utilizarlos como un simple recordatorio del manual de estilo que conduce al éxito. Eso sí, la figura de Martí sí es clave a la hora de saber gestionar lo comentado. Justo es pedirle, y hasta exigirle, un mayor acierto en la toma de decisiones.