Por @rondoscutillas
Estamos en las horas previas a un estreno liguero. Se acaban las probaturas y el domingo, contra el Málaga, ya habrá puntos de por medio. Sin embargo, cuesta digerir este arranque. Es algo extraño, como cuando la Navidad te sorprende sin darte cuenta llevando aún mangas de camisa. Supongo que el hecho de no poder acudir al Heliodoro, por culpa del maldito COVID-19, tiene la culpa de que ya no haya ese cosquilleo en el estómago de otras temporadas. Estoy convencido de que, aunque esta incómoda situación dura ya más de lo que imaginamos cuando se inició, volverá el momento de regresar al estadio. No sé cuándo, pero llegará.
Podría completar el resto de este artículo hablándoles de mis sensaciones de cara a este inicio de temporada. De hecho, es lo que más me apetece. Ser capaz de poder valorar si el Tenerife, a estas alturas, tiene mejor equipo que el de la pasada campaña o si, por el contrario, ha perdido demasiado potencial por el camino con las salidas, especialmente, de Milla y Dani Gómez. Pero, permítanme que no lo haga. Cuatro partidos amistosos a través de la televisión, sin percibir más detalles que los que te ofrece un tiro de cámara largo, es algo insufrible para los que amamos el fútbol. No sé cuándo podré sacar conclusiones sobre eso, pero también llegará.
Lo que sí tengo claro es que los canteranos del Tenerife vienen empujando fuerte. Que hay una base cada vez más sólida y que jugadores como Jorge Padilla tienen una gran oportunidad por delante para reivindicarse y tirar esa dichosa puerta de la que todo el mundo habla y que tanto cuesta derribar. También debe ser el año de Álex Bermejo, si lo respetan las lesiones, el del resurgir de Joselu Moreno y el de la confirmación de valores en alza como Nikola Sipcic o Álex Muñoz. Del resto del equipo ya saben lo que ha dicho esta misma semana el director deportivo, Juan Carlos Cordero. No se va a poner nervioso porque aún queda casi un mes para que se cierre el mercado y quiere traer las primeras opciones de su lista de refuerzos. A todos nos gustaría tener el equipo armado y no en construcción. Pero, paciencia, que llegará.
Me gusta que el objetivo de esta temporada sea competir al máximo en cada partido. Deseo que Fran Fernández, como dijo en la rueda de Prensa previa a la cita contra el Málaga, haya tomado nota de las fisuras que creó la UD Las Palmas en el último amistoso. Y espero que estas estén felizmente corregidas. Soy de los que me gustan más los hechos que las palabras. Pero también valoro que nada se consigue de la noche a la mañana. Y más en un equipo tan propenso al error y a los regalos al adversario como el Tenerife. Si el técnico logra ese propósito, estaremos cada vez más cerca de podernos ilusionar con lo que todos queremos. Y, sobre todo, de salir a la calle a celebrar que, entre todos, hemos desterrado para siempre aquella noche tan triste de la promoción en Getafe. Admito ser muy maniático para determinadas cosas. Pero esta temporada termina en año impar, como las que históricamente han resultado más propicias para el Tenerife. En cualquier caso, si ese feliz desenlace no ocurre esta vez, que al menos nos quede el orgullo de haber sembrado un proyecto para algo que, algún día, también llegará.