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Límite

Redacción Deporpress | El Tenerife inició la segunda vuelta con un revés. En el resultado y en las sensaciones. No hubo rastro en el Anxo Carro del equipo que había sumado cinco victorias consecutivas con la portería a cero antes de recibir al Villarreal en la Copa. Tampoco del bloque solidario que le pasó por encima al Girona, al Castellón y al Cartagena.

Los de Ramis comparecieron sin la tensión necesaria y demostraron que van tan justos de fútbol cuando tienen que llevar la iniciativa que se parecieron, peligrosamente, al equipo que dio tumbos por la categoría durante dos tercios de la primera vuelta.

Sin precisión en el pase, ni tampoco la chispa y la agresividad necesaria para ganar los duelos individuales, los blanquiazules llegaban medio segundo tarde a casi todo. Y, encima, encajaron primero. La estadística señala que el Tenerife no gana si el rival se adelanta. Tocó ir a remolque y eso, en un equipo que solo brilla cuando al adversario le deja espacios, le hizo enseñar otra vez las costuras.

Lo había avisado Ramis en la previa. Mandó un mensaje que sus futbolistas desoyeron. Al Lugo le bastó con ser más intenso. Más agresivo. Y con marcar antes. El Tenerife hizo una primera parte horrorosa. Se fue sin disparar a puerta y con sensaciones de equipo abatido.

Luego, como es lógico, Ramis también echó de menos las ausencias de cinco de sus jugadores de banda. Normalmente, los que tienen más técnica individual y capacidad para desbordar. Sin fútbol y sin que casi nadie, salvo Zarfino y Aitor Sanz, ganasen un duelo los blanquiazules movieron el banquillo. Solo el descaro de Jorge Padilla aportó algo. Pero tampoco fue suficiente para poner en apuros a un Lugo que fue el Tenerife inexpugnable de los últimos partidos cuando tuvo viento a favor.

El duelo ante el Lugo fue la prueba del algodón que demuestra que este equipo, salvo que Cordero lo mejore mucho con alguna incorporación más en lo que queda del mercado invernal, solo es competitivo cuando se emplea al límite.