Redacción Deporpress| El Tenerife demostró este domingo tener una capacidad enorme para sobreponerse a la adversidad. Las que se generó él mismo, como el gol en propia puerta de Bruno Wilson, y las que le causó un árbitro con el que parece imposible conseguir la victoria.
Rescató un punto de oro el equipo de Ramis cuando estaba en inferioridad numérica. Y lo hizo con más casta que juego. De lo primero ya dio muestras de que va sobrado cuando en Oviedo, antes de Navidad, recibió un golpe tras otro hasta que cayó fulminado por tanta fatalidad adversa.
Lo segundo es casi un mal endémico que se confirma, una y otra vez, cuando el equipo es también incapaz de gobernar los partidos cuando va por detrás en el marcador. Y eso que, ante el Fuenlabrada, jugó sus mejores minutos justo después de que Wilson rematase como un delantero hacia el marco de Dani Hernández abriendo el saco de los regalos que parecía cerrado después de muchas semanas.
El factor diferencial, no obstante, fue esta vez el árbitro. De la Fuente Ramos hizo un arbitraje bochornoso. Puso el listón de las amarillas demasiado alto y, luego, fue desquiciando al Tenerife con sus decisiones. Los jugadores, que tienen memoria, saben que ganar cuando el colegiado navarro es el encargado de impartir justicia es casi una quimera.
Lo demuestra las estadística. Solo 2 victorias en 17 partidos (la última en abril de 2018 ante el Sevilla B) y 3 empates y 5 derrotas en las últimas 8 coincidencias. Esta vez, además, rizó el rizo cuando mostró la segunda amarilla a Álex Muñoz por poner en juego el balón en una falta en la que, a través de la televisión, se oye su silbato y se le ve mover la mano derecha para ordenar el lanzamiento. El acta dice lo contrario. Y los jugadores del Tenerife mantienen lo que se apreció a través de la retransmisión del partido.
Como el perjuicio ya está hecho y no tiene vuelta atrás, el partido constató que los blanquiazules están para pelear por la permanencia. Y poco más. Tienen demasiadas carencias, especialmente por los costados donde sus laterales son los únicos capaces de generar algo por fuera. Y, claro, si a esto añades que necesitas siete tiros a puerta para hacer un gol, pues ya tienes la prueba de que este Tenerife es un equipo con tanto corazón como limitaciones.