Dani Cerdeña (Santa Cruz de Tenerife) | Incontestable. Supremo. Heroico. Sin techo. El Lenovo Tenerife pasó por encima del vigente campeón de la Basketball Champions League, el Hereda San Pablo Burgos (89-60), en una exhibición coral que dominó de principio a fin, leyendo mucho mejor el partido y mostrando más hambre por hacerse con el liderato del grupo en el Sweet 16, previo a la Final Eight.
Con una batería inagotable de recursos, Vidorreta dio con la tecla en la interpretación del partido, demostrando que el CB Canarias tiene mucho y muy bueno, no solo en la primera unidad, sino también en el aparato de rotaciones. Sin Butterfield, el Lenovo no notó su ausencia, a diferencia de un descolocado cuadro castellano que aterrizó en la isla con las bajas de Rabaseda y Benite.
Rozando la excelencia durante la primera parte. Juego coral que exhibió el Lenovo Tenerife durante 20 minutos arrolladores sobre un descolocado San Pablo Burgos. Los aurinegros dominaron la escena en cada jugada, ganando cada acción y marcando superioridades en toas las facetas.
La segunda unidad alzó su autoridad, bajo el liderazgo de Fran Guerra: se despidió en la primera manga en doble dígito. El pick and roll solo fue un amago de intenciones entre Kravic y Salvó (0-2) que fue respondido de forma demoledora en el elenco canarista: parcial de 11-0. Cavanaugh y Shermadini iniciaban el remolque para dejar posteriormente a los mandos al pívot grancanario.
La fluidez en la circulación de balón, unida a la descoordinación táctica del equipo dirigido por Peñarroya, permitió una sangría de puntos a favor cerca de canasta. Dos triples seguidos, por mediación de Barrera y Renfroe, disminuía la diferencia (19-14), pero Guerra volvía a la primera plana para demostrar su dulce estado (24-14), dando un estirón en el juego colectivo de los de Vidorreta, con mejores porcentadores para irse con la primera máxima.
No solo repitió, sino que mejoró su estadística el CB Canarias antes del asueto. Agresividad en defensa, permitiendo escasas faltas, desesperaban a un ataque burgalés que cometía errores no forzados. Los primeros golpes entre los dos aspirantes del liderato (+9 de diferencia) se rompieron con valor al alza con un triple de Fitipaldo, un tiro imposible de Guerra y la conexión directa al vuelo de Sulejmanovic previo reparto de Huertas (36-22). Desesperado, Peñarroya enloquecía, externalizando ostensiblemente su descontento ante un Burgos perdido en su rumbo. No era para menos.
Renfroe y Salvó intentaban echarse al equipo a la mochila, pero eran argumentos insuficientes. El base brasileño conectaba con el valor tinerfeño de Sergio Rodríguez para el 2+1 (39-24), refrendada en una nueva máxima con ‘Sherminator (41-24). Cook, a un minuto del final, rebajaba la cuenta (41-27) con un triple.
De vuelta de vestuarios, Huertas sacó brillo a su varita mágica, tanto repartiendo juego con asistencias imposible como mediante goteos en anotación. Durante este intervalo, Shermadini percutió con acierto en la pintura. Y Sulejmanovic ponía la guinda con un triple (52-31). El director de orquesta carioca se dejaría para sí mismo un parcial de diez créditos consecutivos en lo personal, refrendado a la pata coja para una máxima de +27 (66-39). Con una distancia insalvable (70-43), Burgos rezaba para que el reloj fuese más rápido de lo habitual.
Con todo decidido, el último cuarto se convirtió en un trámite donde el coach vasco pudo pensar en la cita del jueves con idéntico rival, tirando de rotación para aligerar piernas. Unos compases donde Álex López pudo aportar su granito de arena, además de otros nombres como Cavanaugh o Doornekamp. 29 puntos de diferencia que se toman además como pequeña revancha personal del partido de ida en el Coliseo (101-79) antes de opositar en esa Final Eight como uno de los grandes favoritos a levantar la corona europea.