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Las prisas son malas carrileras, por Fernando Sánchez

¿Qué conduce a que el sueño de una pretemporada de verano torne, tan sólo un mes y cinco partidos oficiales después, en la melancolía de un otoño apresurado? No cabe duda que para el birria de postín esta situación no va cogerle desprevenido, tantas temporadas como variantes de inicio ha vivido acompañando a su equipo; la trayectoria histórica del Tenerife podrá resumirse de muchas maneras, pero certificar las expectativas iniciales, sean éstas venturosas o de cariz conservador, no suele ser seña de identidad de los blanquiazules.

Tras plantar cara a tres conjuntos de Primera, entre ellos al eterno rival por partida doble, hubiera resultado impropio del fervor futbolero reestrenar el alma y el corazón en Soria intuyendo el descalabro que, en menos de treinta minutos, nos devolvió a temores más o menos recientes. De ahí, pasando por un estreno frente al Nástic doblemente desalentador; un empate edulcorado en Huesca que no invitó a la esperanza; y la eliminación de costumbre en primera ronda copera, enfrentamos la cita de este fin de semana frente al Real Oviedo con esas urgencias tan contemporáneas, que insisten en catalogar de «final» lo que ante un calendario de 42 citas no se puede presentar siquiera como aperitivo.

Resulta complicado establecer cuándo la inquietud comenzó a transmutar en superlativa impaciencia, pero no hay duda que el fútbol actual no paga a perdedores. Si el recibimiento a los nuestros resultó francamente tibio, a partir del primer gol carbayón la humedad de la tarde chicharrera descendió para posarse, pegajosa, en la confianza tinerfeñista, desde el césped hasta la última fila. De ahí en adelante, difícil recordar un sólo instante de esperanza sobre el terreno de juego. Y, sin embargo, más me convenció que las prisas son malas consejeras. Y peores carrileras.

Agné ya está en el disparadero. Algunos jugadores, tanto consagrados y beneficiarios del aplauso recurrente como otros de reciente estreno, son víctimas a estas prematuras alturas del silbido o la grada. El foro blanquiazul, por ahora, parece absolver únicamente a los nuevos talentos de la casa, incluyendo como excepción la grata irrupción del Choco Lozano. ¿Las claves de este mal arranque? A primera vista se puede achacar al forzoso apaño en un lateral derecho que, a su vez, era combinación permanente con Suso; una pareja infalible en el mediocentro que parece encontrarse muy cerca entre ellos y a kilómetros de distancia del resto de líneas; así como demasiados cambios en busca de una idea que debería estar pergeñada antes de dar rienda suelta a esta locura llamada Liga Adelante.

Con todo esto, y como a buen entrenador no pocas variantes bastan, no hay ley más justiciera y menos respetada que la paciencia en este espectáculo. Yo la tengo. En el campo, cada semana, juegan los míos, dirigidos por un profesional que en su trayectoria ha demostrado que sabe lo suficiente de esto como tantos cientos de

técnicos que vienen y van con demasiada prisa, al ritmo de las velocidades que se han implantado por encima del balón y su protagonismo. Bajemos una marcha y, tal vez, llegaremos antes a la estación de destino. Porque las prisas, insisto, son malas carrileras.

Fernando Sánchez

Responsable de comunicación Fundación CajaCanarias