Redacción Deporpress | Las Palmas no da con la tecla. No mereció esta vez la UD regresar con las manos vacías de Pamplona. Cayó derrotada (2-1) ante un rival al que logró arrinconar, que apeló a su portero y su portero y a la mala puntería rival para mantenerse en pie. Y con un regalito arbitral (penaltito de los de siempre) y error de Sinkgraven logró los goles de una victoria que debió escaparse. Pero el fútbol son goles y todo lo demás palabrerío.
Las Palmas no abordó el partido de El Sadar con peso en sus piernas, ni expresiones futbolísticas que estuvieran afectadas por los marcadores precedentes. Carrión optó por encontrar en los futbolistas sub23 la energía que reclamaba en el partido anterior. Herzog en el centro de la defensa, Essugo en la posición de pivote defensivo y Fabio Silva en la arista más lejana fueron esas novedades ante Osasuna.
Y lo cierto es que fueron los amarillos, con presencia justa en la posesión, los que primero llegaron a las proximidades del gol. A los 3 minutos Lucas Torró sacaba in extremis un balón que había colado Sandro hacia la posición de Silva. Y a los 10 minutos era el propio Fabio Silva el que chutó en el área, tras un recorte al defensa. Su balón fue controlado por Sergio Herrera, pero los mensajes habían llegado con claridad al área osasunista.
Osasuna no estaba cómodo y todavía sintió mayor peligro antes de la primera media hora. Moleiro, en el minuto 17, encontró un carril tras un buen servicio de Essugo. El tinerfeño llegó al área pero calculó mal la salida del guardameta Herrera, que logró milagrosamente sacar el balón antes del remate. Y en el 19, de nuevo Moleiro conectó con Kirian en la boca de gol. Pero el capitán amarillo, obstaculizado por un defensa, no pudo conectar de lleno un disparo que de nuevo acabó en los guantes del atareado Herrera.
Las Palmas estaba mejor ubicada en el campo que su rival. No tenía necesidad de presionar en campo rival para dificultar las maniobras de Osasuna, que solo generaba inquietud a través de Bryan Zaragoza. Aunque el primer balón que llegó a las redes de una portería fue obra de Boyomo, en el minuto 27. Fue a raíz de una falta lateral en la que el central osasunista recibió un balón suelto para marcar. Pero el colegiado señaló fuera de juego, hecho que no desmintió la sala VAR. Vicente Moreno, el técnico local, preguntaba también si había pitado manos.
Esa jugada, sin embargo, despertó a los navarros. A la media hora, con otro centro lateral, Herzog desvió el cuero de cabeza y el balón golpeó el poste de Cillessen. El partido había cambiado de dirección por momentos, obligándose los amarillos a trabajar en las inmediaciones de su propio área.
El Osasuna se adelantó con un penalti de esos que se pitan a los equipos modestos y en campo rival. Fue un agarrón claro a Budimir, de Mika Mármol, que el delantero local aprovechó para brindar una teatralidad en la jugada. El árbitro sancionó la infracción y la Sala VAR alteró la falta por penalti. Lo transformó Budimir ante el enojo general de los visitantes.
Con poco Las Palmas vio cómo perdía una semana más su condición defensiva. Pero el equipo reinició el juego con rabia y, de inmediato, encontró el empate con una jugada de pizarra. El 1-1 trajo vino acompañado por la mala noticia de la lesión de Mika Mármol, al recibir un pisotón de Budimir en la jugada del 1-0. La solución estuvo en la reubicación de Alex Muñoz en el centro de la defensa y el retorno a la Liga del zurdo Sinkgraven.
Fue la penúltima mala noticia porque Marvin Park agotó la segunda ventana antes del descanso al sufrir una lesión muscular. El balear abandonó el campo en camilla.
Las Palmas salió con determinación en la segunda parte. En pocos minutos los cánticos de Pamplona se silenciaron. Fabio Silva marcó en el 46, pero el gol fue anulado por un fuera de juego inicial de McBurnie. Silva de nuevo en el 47 envió un disparo junto al poste terminando otra jugada a la contra.
Las Palmas había generado nuevas acciones con McBurnie y Silva. Y cuando peor lo estaba pasando el equipo local, un error de Sinkgraven dio a Osasuna aire fresco en un contragolpe finalizado con éxito por Aimar. El centrocampista firmó el 2-1 con un chut cruzado que tampoco pudo alcanzar Cillessen.
Jugando como nunca, la UD perdía como siempre … podría decir desconsolado el aficionado amarillo. La fluidez en el juego fue diluyéndose para el conjunto que iba a la caza de un marcador. Su rival cerraba espacios por acumulación de piezas. Y los minutos corrían en dirección al final.
Osasuna no acabó de marcar el tercer gol, pese a los espacios que encontró entonces ante una UD más temperamental que eficiente. Los puntos se merecen o se ganan. Y en ambos conceptos el equipo de Carrión sigue sin fortuna.