por @juanjo_ramos
Twitter tiene la extraordinaria capacidad de informarte, entretenerte, enfadarte hasta límites insospechados o hacerte esbozar una sonrisa. Las dos primeras, entiendo que misión principal de la red social, venían en el paquete inicial. Las otras te las encuentras cuando eres miembro de la comunidad. Y cuando hablo de enfados no me refiero a los haters de turno. A esos, ni agua. Bloqueo y a otra cosa. Que sigan ladrando, pero ni me entero.
Me refería más bien a noches de rivalidad llevada más allá de las líneas razonables como la vivida el pasado miércoles después del Atlético de Madrid–Barcelona. Ahí se pasó del pícaro recado al amigo del equipo perdedor a la broma sin gracia, del meme simpático a la burla grosera e irrespetuosa, del debate al apuñalamiento dialéctico, de la discrepancia al insulto… En definitiva, de la convivencia al muro que la hace imposible. Y ojo, sucede igual cuando ganador y perdedor (hablo siempre de Barcelona y Real Madrid) invierten sus papeles.
A eso ha contribuido el periodismo más rancio. El que hace 20 años se quejaba de los provincianos y ahora han mejorado aquella versión del periodista de bufanda (y hasta camiseta) que jamás reconoce que el rival hace algo bien. Para ellos, el árbitro siempre perjudica a su equipo y beneficia al otro. Inducen a pensar entonces en conspiraciones. Se alegran de las desgracias del adversario y fomentan este clima de trincheras tan desagradable para los que queremos, simplemente, debatir.
Entiendo el show, incluso el producto en sí. Pero fuera del horario del programa nocturno de rigor, igual conviene quitarse el disfraz y convertirse en alguien normal. Incluso estando dentro no sería especialmente negativo fijar límites. No se trata aquí de recortar libertades al opinólogo de turno.
Pero como no quiero quedarme con ese mal sabor de boca, acabo escribiendo de las sonrisas. Tienen mucho que ver con lo contrario de lo expuesto hasta ahora. Con esas conversaciones en las que cada uno expone respetuosamente su opinión. Incluso, con esas dudas que me encanta responder.
Esta semana he podido opinar de la renovación de Martí, que considero lógica y en el momento adecuado. Otra cosa es que se anuncie al final de la competición. Tiene sentido. También de la continuidad de Javi Lara, que sería una de esas piedras angulares del proyecto 16-17. Incluso, de las convocatorias internacionales de Dani Hernández y Choco Lozano, que serán los primeros interesados en quedarse aquí. A su carrera poco aporta una Copa América descafeinada o un amistoso. Un ascenso a Primera tiene mucho más peso.
Y así, pasan los días, llega el Tenerife–Albacete y seguimos soñando. También en twitter, donde hasta se organiza el recibimiento al equipo en el Heliodoro.