Redacción Deporpress| Rubén Baraja sorprendió al anunciar, tras el partido frente al Numancia, que no continuaría en el CD Tenerife la próxima temporada. El técnico siempre había mostrado su predisposición para ampliar su vinculación con el conjunto blanquiazul, pero su discurso ante los medios de comunicación fue variando sustancialmente en las últimas jornadas.
El entrenador pucelano siempre antepuso el grupo a su interés personal. Priorizó la competición y aseguró que no era bueno que el tema de su continuidad fuese un factor de distracción para el equipo. Se mostró siempre abierto a hacerse cargo del proyecto para el curso 2020-21 y, en público, mostró una total sintonía con el director deportivo Juan Carlos Cordero, con quien aseguraba mantener un contacto frecuente y diario.
Sin embargo, las cosas cambiaron entre los días que transcurrieron entre el partido del Alcorcón en Madrid y el disputado contra el Lugo en el Heliodoro Rodríguez López. Su discurso fue otro. Tras la derrota ante el conjunto gallego, resumió el trabajo realizado en la isla por encima de lo acontecido sobre el césped e incluso solicitó mayor perspectiva al entorno para que se valorase lo conseguido desde su llegada a la isla, que no era otra cosa que haber sacado al equipo de la zona de descenso para llevarlo casi hasta el playoff.
Se refería Baraja, sin citarlo, a las declaraciones del segundo máximo accionista de la entidad, Amid Achi, quien cuestionó públicamente su figura a principios de este mes y declaró que le gustaría ver a un entrenador canario sentado en el banquillo del Heliodoro. «¿Tenemos entrenador? Yo quiero que apostemos por uno de aquí» respondió a la pregunta en la Cope de si era partidario de renovar al técnico pucelano para la próxima temporada. Baraja se sintió menospreciado y pensó que su trabajo no era valorado suficientemente, pese a que habían logrado construir la mejor racha blanquiazul en mucho tiempo.
Sus sensaciones, a partir de ahí, fueron que el siguiente paso deportivo de su trayectoria en los banquillos no podía estar en la isla. Comprendió Baraja que, quedándose, iba a tener muy poco que ganar. Sabía que iba a estar en el escaparate de la crítica a las primeras de cambio si en los primeros partidos no se daban los resultados deseados. Y, entonces, tomó la decisión de «buscar nuevos horizontes».
Antes de la última cita de la campaña en Soria, Baraja grabó su mensaje a modo de previa, como solía hacer cuando los partidos se disputaban cada tres días, y el club lo distribuyó a través de los conductos habituales. Los que tienen trato con él a diario y lo conocen bien ya notaban, en sus palabras de esa comparecencia y leyendo entre líneas, un mensaje de despedida anticipada. Afrontó el partido del Numancia con la decisión de abandonar el Tenerife tomada, pero no se la comunicó, hasta el mismo lunes, al presidente Miguel Concepción, al director deportivo Juan Carlos Cordero y a la plantilla.
El resto de la historia ya es conocida por todos. Baraja salió a la Sala de Prensa del estadio de Los Pajaritos y, sin que nadie le preguntase por su futuro inmediato, comunicó su adiós. En sus palabras no había ninguna pista clara del por qué de su marcha. Se limitó a indicar que, tras valorar las cosas, «hay muchas que me gustaban pero, tras analizarlas con frialdad, hay otras que han pesado en la toma de que la decisión vaya orientada a buscar un nuevo reto», dijo sin exponer ningún motivo en concreto.
Eso sí, el técnico se esforzó en aclarar que su decisión no está relacionada «con que haya ya otro club y vaya a firmar, es una decisión tomada con la sangre fría y me ha costado mucho tomarla. No tengo un club mañana. Buscaré algún reto que me pueda seguir motivando. Siempre trato de dar el máximo, con aciertos y errores. Al final sopesas en la balanza las posibilidades y, como soy una persona de convicciones, siempre hago las cosas al ciento por ciento», concluyó.