Por @beatrizpalmero
No digo nada nuevo cuando escribo que a medida que pasan las semanas las ilusiones blanquiazules son menos. No van más allá de ver una victoria más de nuestro equipo que, al menos, llega para ir al Heliodoro cada domingo, seguros de que esa ilusión, esa sensación de que estamos donde tenemos que estar, no acabará nunca. Pero poco a poco, no nos engañemos, se va escapando esa esperanza de añadir esta temporada emociones distintas a esa ilusión que albergamos de siempre.
Y tampoco digo nada nuevo si digo que me da cierta tristeza. Pero hay que seguir adelante porque, si hay algo que me ha permitido ejercer esta profesión es descubrir que el deporte está lleno de ilusiones. Y cuando muere una nace otra. Y que encuentras ilusión en los sitios más insospechados, lo que te hace pensar que a veces nos obsesionamos por cuestiones que carecen de la importancia que le damos.
Esta misma semana he podido contar una de esas historias que te dejan pensando. Es curioso porque, además, es una historia que no es nueva y ya conocía. Pero nunca me había parado a mirarla. Mi jefe, Leo Santisteban, con buen criterio, decidió contar que muchas de esas mujeres de las que hablamos en el Telenoticias se ven abocadas a trabajar para poder ejercer como deportistas de élite. Casos como el de muchas de las futbolistas del Granadilla, que pese a jugar en primera división, están lejos de ser profesionales del fútbol. Deportistas que encuentran muchas más dificultades que un hombre para ser profesionales del deporte en categorías de élite por el simple hecho de ser mujeres, porque el deporte femenino no está tan bien considerado ni es tan prestigioso socialmente como el masculino. Por mi debilidad hacia el voleibol, acabé encargándome de la entrevista a Laura Naranjo, libero del Fígaro Peluqueros Haris, una abulense que creció viendo como el voley femenino tocaba el cielo en España con el Marichal y que años después llega a una Superliga Femenina que, con una cruel crisis económica y un mal cuidar las vacas gordas en los años buenos, ha enflaquecido. Y para poder saltar a la cancha cada fin de semana trabaja, con todas las facilidades del mundo por parte de su patrocinador, en Fígaro Peluqueros, para complementar sus ingresos. Y consciente del enorme esfuerzo que hace su club para estar en la élite sonríe, con los ojos llenos de ilusión y de agradecimiento, por estar donde un día apenas si acertó a desear estar. Y por encontrar comprensión en sus compañeros de trabajo y de equipo.
Y esa sencillez me resulta terriblemente conmovedora. Y me reconcilia con todas esas emociones e ilusiones que desde siempre el deporte me ha generado. Porque nos olvidamos que lo importante no son los puntos, los resultados, la alineación, el técnico o el presidente. Lo importante es todo lo bueno que el deporte es capaz de generar y que el hombre tiene ilusiones como el pájaro alas. Y eso, como bien apuntó Blaise Pascal, es lo que nos sostiene.