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La vida como los JJOO

Por @beatrizpalmero

«Lo vives», me decía un compañero mientras celebraba un punto de Carla Suárez. Y para mis adentros pensé: «¿Hay otra forma de disfrutar del deporte?». Yo, desde luego, no la conozco. Y pensando en ello a lo largo de la tarde llegué a sentirme una privilegiada, porque pensé que hay muchos que jamás llegan a vivir las emociones que disfrutar de un deporte puede proporcionar, esa satisfacción de apreciar la belleza de una jugada, una acción, un esfuerzo; la empatía con el deportista que se está vaciando sobre la cancha, el tartán, el tatami, el agua o cualquier otra superficie; la admiración por una proeza inalcanzable para casi cualquier otro ser humano; la ternura que despierta un deportista emocionado que ve años de esfuerzo recompensado con el éxito o que se derrumba por quedarse a las puertas de conseguir el sueño largamente perseguido.

Por eso adoro los Juegos Olímpicos, porque me permite disfrutar de muchas disciplinas que durante años no ves ni de refilón y apreciar su belleza, su calidad, su mirada plasticidad, y porque rescata del anonimato a cientos de deportistas que hacen un sacrificio impensable y admirable, aunque la fama y el honor se la lleve el futbolista de turno que, en realidad, no realiza ni la mitad del sacrificio que hacen cientos de olímpicos que nadie conoce.

Y me encanta enlazar un partido de tenis de Carla Suárez con la estética gimnasia artística que siempre me deja con los ojos como platos y la boca abierta, sobre todo si las actuaciones de los gimnastas rozan la perfección de Kohei Uchimura o Simone Biles y toparme luego con un espectacular partido de Voley playa entre Cuba y Brasil que me deja pegada a la silla mientras admiro la asombrosa técnica del bloqueo de Nivaldo Díaz y Sergio González. Y con la misma facilidad me paso a la pista para disfrutar del disputado encuentro de voleibol femenino entre Estados Unidos y Holanda para pasarme luego por la piscina y alucinar con Katie Ledecky, Michael Phelps o Adam Peaty, mientras Mireia Belmonte nos emociona.

Y me quedo más tensa que la cuerda de una guitarra mientras Fátima Gálvez prepara su rifle y mastico la decepción que puede haber sufrido al quedarse con el bronce al alcance de la mano, antes de mascar la desilusión por la segunda derrota de la selección española de basket. No doy avío para ver todo lo que quiero ver y disfrutar de cada minuto de los Juegos. Porque son el deporte en estado puro, son el ejemplo perfecto de lo que significa el esfuerzo, el sacrificio, la disciplina y la heroicidad. La vida real debería ser más como esto y menos como el fútbol negocio.