Por @jf_rojas
Tras la victoria del Tenerife ante el Recre llamó mucho la atención que alguna crónica de Huelva describiera lo ocurrido en el Heliodoro como una especie de combate físico. Según el relato, los visitantes encontraron en la Isla una suerte de emboscada bélica para la que no se habían preparado. Digamos que el planteamiento de la crónica sugería algo parecido a que la agresividad había ganado al fútbol, confundiendo una parte con el todo y practicando el reduccionismo de negar categoría futbolística a lo que no encajaba con el estilo de su equipo. En ese sentido la crónica parecía escrita por un extremista del toque, de esos que con frecuencia pecan de intolerancia al observar con cierto desprecio y altivez a los que eligen, por falta de recursos o por simple preferencia futbolística, otros caminos para llegar a la portería contraria.
No rescato el asunto para reflexionar sobre la evidencia de que en el fútbol caben todos los estilos, algo que ya hemos convenido más veces en esta columna. Lo saco porque la versión del periódico de Huelva me hizo pensar en lo permeables que somos a ciertas influencias. En unos pocos meses, siempre con buenos resultados mediante, el entorno de un equipo es capaz de cambiar de una militancia a la contraria, olvidando por completo todo lo que deja detrás. Ciertos entrenadores, ciertos discursos, acompañados de la suficiente dosis de puntos, arraigan tan profundamente en los clubes que convierten a sus seguidores y al periodismo que le rodea en fanáticos, no ya de su equipo, sino del estilo que practica. No es un fenómeno sano porque, como se ve en esta versión del rival, limita el análisis y confunde los hechos.
Tras difundirse lo escrito en Huelva se escucharon en la Isla algunas reacciones que también me hicieron pensar en lo voluble y cambiante que es este mundo. Hace unos años en Tenerife se firmaban crónicas prácticamente idénticas sin que casi nadie levantara la voz. Vivíamos bajo el poderoso influjo de personajes extremos que, además de marcar la historia reciente del club, nos dejaron en herencia un estilo muy concreto. Durante años aquí resultó inconcebible que nuestro equipo jugase a otra cosa que no fuera el toque al punto que hubo entrenadores que fracasaron por su incapacidad para adaptarse a ese juego. Pasados los años hoy nos encontramos en la orilla contraria y lo que entonces era identidad ahora es objeto de burla. Es probable que tarde o temprano la cosa vuelva a cambiar y que, cuando ocurra, muchos de los que hoy ridiculizan la posesión y el pase sean los primeros en santificarlo. Ya saben, el fútbol vive en los extremos y el que se mantienes en medio termina peleado con todos.