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La verdad y sus matices (11-3-15)

Por @jf_rojas

Me acuesto escuchando tertulias de radio apocalípticas sobre la situación límite del Madrid y de su entrenador. Oigo que algunos dicen que Ancelotti es un blando que no sabe manejar los egos de su plantilla, que es un tipo maleable que avanza hacia el abismo por no desafiar a su presidente y sus imposiciones deportivas. Los que se manifiestan así lo hacen con una rotundidad y seguridad que sorprende y llama la atención. Nadie diría que hablen del mismo individuo que hace menos de un año le entregaba al club la Copa de Europa por la que llevaban siglos suspirando. Ni del que apenas tres meses atrás tenía a su equipo líder de la competición con un ritmo de puntuación y juego que no veían en el Bernabéu desde la quinta del Buitre. Nadie diría que hablaran del entrenador del Madrid cuando discuten sobre el personaje como si fuera un recién llegado al que no se le conocen más méritos que su último par de encuentros.

En realidad los que opinan con esa ligereza sobre Ancelotti conocen perfectamente su pasado y sus éxitos. Es muy posible de hecho que en su momento ensalzaran sus virtudes con adjetivos exagerados y grandilocuentes. La cuestión sin embargo es que hoy algunos acostumbran a ignorar todo aquello que invite a la moderación ante la creencia de que la mesura no es mediática. La crítica deportiva se ha convertido a raíz de esta consideración discutible en un vaivén enloquecido de opiniones extremas que se suceden sin orden ni concierto a ritmo del último puñado de resultados. Uno ve cómo ciertos opinólogos saltan con estúpida habilidad del blanco al negro y del negro al blanco cuidándose de no transitar por el terreno de los aburridos grises no vaya a ser que no llamen la atención. Ayer Ancelotti era un tío con extraordinaria mano izquierda, hoy un blando pusilánime y mañana volverá a ser hábil y conciliador. Todo tal que así.

No sé hasta qué punto la gente valora este tipo de actitudes mediáticas. Aquí más de una vez se ha escrito que el mundo de las redes sociales multiplica la trascendencia de ciertas corrientes que en el fondo representan a muy poca gente. Me gustaría pensar que en realidad los picos de audiencia o las tendencias de moda son manifestaciones engañosas y que los consumidores de información deportiva valoran mas a los que les hacen ver los matices que a esos que les tratan como imbéciles. Me gustaría pensarlo, digo, porque lo cierto es que los síntomas no mueven al optimismo. La tele se ha convertido en territorio cuasi exclusivo del descerebre y la radio avanza con paso firme por el mismo camino. Hasta el periodismo escrito se radicaliza y atrinchera en los extremos buscando, imagino, posicionarse en este nuevo mundo. Todo se radicaliza menos la verdad que seguirá ahí tan llena de matices como siempre para quien quiera verla. Ojalá sigamos encontrando a gente con interés en contarla.