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La urna de cristal

 Jaime Barroso Ramirez

(Ex­-deportista olímpico y fisioterapeuta)

La vida en un centro de alto rendimiento deportivo (C.A.R) parece y es una experiencia maravillosa. ¿Pero qué sucede cuando acabas tu carrera deportiva y aterrizas en la vida de verdad?. A mi lo primero que se me vino a la cabeza, fue pensar que no había vivido en un mundo real, sino que había estado en una urna de cristal, donde todo estaba al alcance de mi mano: instalaciones, servicios, médicos…

La llegada a la vida fuera del CAR supone un cambio brusco y para el que a muchos deportistas llega a ser un trauma, en ocasiones hasta dramático.

Has pasado de ser alguien destacado, y con mucha gente a tu alrededor mimándote, a un ciudadano de a pie. Llega una competición mucho más dura, la integración.

Si tu vida deportiva te ha generado la suficiente tranquilidad económica para seguir viviendo con cierta holgura, eso es otra cosa, pero estos son los menos. La gran mayoría debemos labrarnos un nuevo futuro y lo que es más grave, empezar a cotizar.

Esto es la clave, uno ha representado a su país durante quince años, este es mi caso, pero tienes cero días cotizados. Empieza una nueva carrera, una ultratrail: 35 años de cotización para tener una jubilación digna.

Yo lo tenía claro, 3 años de fisioterapia y a trabajar. Pero otros muchos se quedan al borde del precipicio, y no es literal. Amigos debieron ser ayudados por profundas depresiones, para la desintoxicación de algunas sustancias en las que caían y para reconducir sus vidas.

Hoy en día, hay apoyos entre las distintas federaciones, el consejo superior de deportes y el comité olímpico español, para la salida laboral de los deportistas. Algo hemos ganado.