Por @juanjo_ramos
Algo pasa en el Iberostar Tenerife. Después de una brillantísima reacción tras el relevo de Nenad Markovic por Fotis Katsikaris, el equipo parece haberse desconectado. Desde la alegría copera del pase a semifinales no es el mismo. Avanza a bandazos, cae al primer traspiés y duda hasta en situaciones ventajosas, como demuestra la remontada de 21 puntos que protagonizó el Delteco Gipuzkoa el pasado miércoles. En otros deportes, como el fútbol, la crítica sería más afilada. Estaríamos buscando culpables. Al menos en eso, el espíritu cívico del baloncesto y el férreo control de la comunicación que hace el club aurinegro permitirán trabajar a técnico y plantilla en busca de la reacción. Hay tiempo para corregir el rumbo y entrar en playoff.
Y hablando de espíritu, el del voleibol. ¡Qué gozada de eliminatoria! Dos partidazos el pasado fin de semana entre Dimurol Libby’s y Arona (y otros para este) escenifican el excelente nivel de los dos equipos tinerfeños, así como un ejemplo de sana rivalidad. Más allá de algún gesto desafortunado en la celebración del primer día, algo absolutamente aislado, este playoff está cargado de calidad y pique sano. Merece la pena acercarse al Pabellón Jesús Domínguez Grillo de Los Cristianos porque no van a salir defraudados. Recuperar el impacto que consiguió el CV Tenerife de Quico Cabrera es casi imposible, pero las ganas de ver buen voleibol han vuelto a la Isla. Y eso es gracias a estos dos equipos.
El debate ha muerto. Si, como yo, crees que lo de Benatia a Lucas Vázquez no es suficiente para señalar penalti, te insultarán los “aficionados” del Real Madrid. En el mejor de los casos, te dirán que eres culé. Si opinas lo contrario, te insultarán los “aficionados” del Barcelona o quedarás registrado como seguidor merengue. Así se mueve el asunto en esta sociedad enferma. Ya no se debate, ya no se respeta una opinión distinta. Ahora te encasillan y pasas a ser el enemigo si discrepas. Da igual si hablas de política o de fútbol. Lo peor es que esas discusiones de bar que se zanjaban con otra cerveza y la vuelta a casa sin que el amigo te hubiera convencido, pero feliz de haber pasado un rato con él, ha cambiado ese escenario por el de las redes sociales. Ahí se desarrollan auténticas batallas campales en busca del descrédito y la burla al que piensa distinto.
No ocurre solo en la inacabable disputa entre blancos y azulgranas. Dentro de un mismo equipo también sucede. Miren el caso del Tenerife. De Cervera o anti Cervera, de Serrano o contra él, de Concepción o de Pier, de Pérez Borrego o de Rodríguez Zaragoza… Y así. No hay paz en el entorno blanquiazul a menos que el equipo se harte a ganar. Como ahora. Entonces olvidamos hasta lo que hemos dicho. Los jugadores dejan de ser mercenarios, Martí deja de ser una víctima y Etxeberria, del que los críticos dudaban a su llegada, pasa a ser el nuevo héroe. Vale todo. En el entorno periodístico ni les cuento. Pero eso es más aburrido.