Por @jf_rojas
Lo peor que puede decirse de derrotas como la del Tenerife en Lugo es que, en las condiciones en las que llegaba el equipo, poco más podía pedirse. He leído algunas críticas al planteamiento de Cervera y a su gestión del partido pero, honestamente, no creo que esencialmente expliquen el resultado. En realidad, este Tenerife suele manejarse con solvencia en esta clase de partidos y ante esta clase de rivales y en Lugo estuvo dentro de sus parámetros colectivos. El problema fue otro y está más relacionado con las profundísimas limitaciones provocadas por la configuración de la plantilla, concebida para mayores aspiraciones pero sobrevenidamente insuficiente para los objetivos más modestos.
Cumplida una tercera parte de la competición no es arriesgado considerar que la política de fichajes de este año ha sido un desatino. No hace falta analizar nombres ni pararse a mirar las estadísticas. El domingo el Tenerife volvió a manifestar unas carencias de gol y de portería que resultan escandalosas en un club profesional. Son el escaparte de una campaña veraniega fallida en casi todos los aspectos, adornada por algunos errores especialmente groseros y, en general, caracterizada por la mala puntería si lo que se pretendía, como se supone, era mejorar al equipo en los aspectos que venía flaqueando en temporadas anteriores.
Aunque el principal cante radica en una cuestión de fondo. Cuando a finales de mayo el club decidió dar un volantazo en la dirección deportiva muchos nos preguntamos por el motivo de abandonar una línea que estaba funcionando. Nadie fue capaz de explicarlo coherentemente pero lo cierto es que Cervera y Serrano, los nuevos encargados, optaron por deshacer parte del camino recorrido y recuperar un modus operandi del pasado. Once fichajes, catorce bajas. Más de medio equipo nuevo. La cosa sólo podía justificarse si era para darle un verdadero salto de calidad a la plantilla y ese es el parámetro con el que empezamos a juzgar.
Es obvio que desde ese listón la crítica sólo puede ser cruel. Con la perspectiva de los meses aún se entiende menos el rumbo tomado por la dirección deportiva porque lejos de haber servido para crecer, nos ha dejado algo aún más cuestionable que lo que había. El gol sigue descansando sobre un solo nombre, la gestión de la portería ha sido un desastre en toda la regla y, salvo excepciones, buena parte de los recién llegados no han demostrado por qué ocupan un puesto que podía corresponder a un meritorio de la cantera. Con todo, el Tenerife espera ahora el mercado de invierno con ansiedad y el entorno empieza a percibir la permanencia como el premio de la temporada. Un objetivo que habría sido defendible en otras circunstancias pero que resulta injustificable tras la revolución de mayo.