Por @beatrizpalmero
Decía Mercedes Sosa, una de las figuras dominantes de la Nueva Canción latinoamericana que se inició en los años 60, que “el aplauso crea una responsabilidad permanente”. No hace falta mucho profundizar en este razonamiento para entenderlo. Cuando arrancas el aplauso del público porque has ofrecido determinado nivel es inevitable responsabilizarte en la siguiente ocasión que tienes que presentarte ante él, porque ya espera de ti, como mínimo, que vuelvas a provocarle un aplauso.
Pasa lo mismo cuando reconoces públicamente un error, todos esperan que no se vuelva a repetir. Y ambas conjunciones se dan en este Tenerife que recién arranca la temporada. Aquellos que disfrutaron con el equipo de Martí la temporada pasada esperan, cuanto menos, encontrarse con el mismo equipo. Y el pensamiento lógico es que, con los refuerzos, no sólo se ofrezca el mismo nivel, sino que mejore. Ninguna de las dos cosas se vio en Córdoba.
Además, los jugadores que repiten saben lo mucho que lastra comenzar con varias jornadas sin ganar, pese a que la temporada es larga o precisamente porque lo es. Y sin embargo fueron los veteranos los más espesos en el Nuevo Arcángel, tal vez porque los errores pasados pesan en las piernas cuando el contrario se adelanta en el marcador y empiezan a surgir las dudas y los fantasmas.
El próximo partido llega pronto y los jugadores afirman que están preparados para aguantar la presión de ganar sí o sí que evite, un año más, caer en la falta de confianza y la crisis anticipada. Yo quiero creer en ellos y pensar que sí, y me resisto a albergar más dudas, pero no las tengo todas conmigo. El partido cae en viernes, aún es agosto y habrá menos público. El nivel de exigencia, inevitablemente, habrá subido y será difícil arrancar un aplauso sentido si el inicio no cubre las expectativas.
Y llegado este punto sólo puedo recordar que, como decía Winston Churchill, “el precio de la grandeza es la responsabilidad”. Y no es tarde, ni mucho menos, para que el equipo demuestre hasta qué punto está dispuesto a ser grande ante los ojos de su público, porque que va a vaciarse en el campo, eso ya lo sabemos. Falta saber si lo hará con responsabilidad o sólo para utilizarlo luego como excusa.