“Con el tiempo, sabrás valorar las cosas que de verdad son importantes en la vida”. Habrán escuchado más de una vez esta sentencia. Pero no siempre, a todo el mundo y en cualquier sitio sucede. En Tenerife, por ejemplo, seguimos prestando atención a temas de escasa trascendencia. Al menos, en momentos en los que hay urgencias mayores y más sangrantes.
En las últimas semanas, he asistido a debates tan candentes como la actuación del gabinete de comunicación de la entidad respecto a una entrevista de su entrenador. Digo yo que alguna capacidad de decisión tendrá. O la participación de los jugadores en un videoclip, prestando unos derechos de imagen que al club le cuestan dinero de forma gratuita.
Ni una cosa ni la otra importan un pimiento a la afición blanquiazul. ¿O a ustedes les duele que un periodista no pueda pasar sonidos de su entrevista a Cervera a otros compañeros? ¿Se rasgan las vestiduras por no ver a sus futbolistas diciendo “agüita” en el nuevo temazo carnavalero de Dejeey Darío? Pues no creo. A mí, ni una cosa ni la otra me hubieran molestado lo más mínimo la verdad. Pero tampoco me quita el sueño que no vieran la luz.
El asunto me recuerda que a todos los periodistas, a mí el primero, nos puede a veces esa burbuja que no nos deja ver más allá de la realidad que dominamos. Fuera de ella, las cosas se ven de otra manera. Y conviene pararse de vez en cuando, bajarse de la misma y escuchar. Esto último es algo que, los que nos dedicamos a esta bendita profesión, no solemos hacer con la frecuencia y la atención debida.
Conviene recordar entonces lo relevante. A la gente le importa lo que fiche el Tenerife, su juego, sus resultados y, aunque les divierte menos, si Miguel Concepción gestiona o no con acierto y si le sale un competidor para dirigir el club. Más allá del presidente, el director deportivo, el entrenador y los futbolistas no existe nada. ¿Quién es el jefe de prensa del Barcelona? ¿Y el gerente del Real Madrid? Pues aquí pretendemos que la audiencia sepa quiénes ocupan cargos tan secundarios y qué cosas hacen mal. Que hay cosas que hacen mal. Seguro.
Con todo eso, la profesión se resiente. Priman los intereses personales, crecen las faltas de respeto a la labor del compañero (aunque sea competencia directa) y fomentamos esa tendencia a pensar que no somos limpios. Que no informamos tratando de ser justos. Allá cada cual. Yo sigo pensando que hay muy buenos profesionales, de los que respetan y se dedican a lo suyo. Aunque, a veces, haga más ruido el que lleva toda la vida trepando y traicionando a compañeros. Pero solo es eso, ruido.