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La otra cara del deportista, por @ivanvillanua

No es fácil ser deportista de élite. Y la gran mayoría de las ocasiones, los aficionados apenan se dan cuenta de ello. Los sueldos ya no son lo que eran pero la exigencia profesional sigue siendo la misma. O incluso mayor. No hablo desde la esfera de la élite donde está claro que se pueden permitir todo tipo de lujos. Sino desde una óptica más modesta aunque sin dejar de perder la perspectiva de seguir siendo personajes públicos que salen continuamente en los medios de comunicación. Futbolistas que disputan la Segunda División o atletas que se dejan la piel sobre una pista para conseguir una beca que les de tranquilidad durante el resto del año o poder llegar a disputar unos Juegos Olímpicos.

La otra cara del deportista es esa que está ahí pero a la que nunca le hacemos caso. No nos interesa porque no nos da goles o faltas…y sin embargo llega a ser incluso tan importante que la que más se expone. Un deportista tiene problemas en casa, hijos con los que debe sentarse en la mesa para estudiar con ellos, padres que se hacen mayores y les dan achuchones que preocupan. Un deportista también tiene sus circunstancias, puede sentarle mal un almuerzo o cortarse un dedo mientras cocina. Un deportista puede estar separándose de su pareja, preparando un examen de conducir o preocuparse porque tiene un hermano con problemas. ¿Y esto lo pensamos el resto de mortales que acudimos a un estadio o cancha deportiva? ¿Lo tenemos en cuenta a la hora de valorar su esfuerzo? En absoluto. Importa un pimiento moruno.

Para entender al deportista, como mínimo, hay que haber practicado (aunque sea en la calle), su deporte. Saber qué se siente cuando se juega. Y a eso debemos añadir nuestro día a día. Exactamente el mismo que nos ocurre a nosotros. Es ahí cuando llegaremos a una maduración máxima de nuestras opiniones. Y podremos analizar en conjunto lo que ocurre sobre un terreno de juego. Mientras, seguirá pasando lo de siempre: gente que en su mayoría acude a un campo para ver un balón rodar por el suelo; gente que se enfada porque sus problemas de casa pretenden trasladarlos a un equipo al que unos días la cosa les va bien y en otras ocasiones no tanto y gente que no se para a pensar si ese muchacho con el número equis en la espalda tiene o no algún problema en casa. Como lo puede tener cualquiera.

Si estás leyendo esto, te pregunto: ¿qué tipo de aficionado eres: de los que piensan también en la otra cara del deportista o de los que no les interesa otra cosa más que su equipo sean robots sin alma ni corazón que no dejen de sudar durante 90 minutos?