Hay semanas en las que los sentimientos van por delante de las palabras. En las que no te sale lo que quieres expresar. Fue justo cuando marcó la UD Las Palmas en el último minuto del derbi del pasado sábado. La mirada se me fue hacia los cerca de 2.000 seguidores desplazados desde Tenerife. Pensé que debían estar hundidos. Pero no. Lo que vieron mis ojos fue un sector del Estadio de Gran Canaria entregado a los visitantes, ajenos a la fiesta de los otros 29.000 y tratando de levantar a los suyos, que yacían sobre el césped sabiéndose derrotados. No sabía qué decir, pero sí sabía como me sentía: orgulloso.
Fue el premio a 90 minutos de un trabajo extenuante, con el que los blanquiazules habían conseguido anular a aquellos que anunciaban goleada para igualar el average durante la semana. A los que se sentían superiores y acabaron empequeñecidos durante la mayor parte del partido. Más allá de la rivalidad, no merecieron salir derrotados. Y así lo entendieron tanto los desplazados hasta la isla vecina como los que siguieron el derbi por televisión.
En ese mismo momento, aun con tres minutos de prolongación por delante, empecé a pensar en el Córdoba. Sí. Porque quedan cuatro jornadas por delante y quizás esta oportunidad no se presente en mucho tiempo.
Habrá quien piense que esta misma plantilla, con cuatro retoques, volverá a pelear por el ascenso la próxima temporada. Pero el asunto no está tan claro si nos fijamos en Girona, Alcorcón o Ponferradina. Los dos primeros estuvieron en el play off y los bercianos se quedaron a un paso. La permanencia es ahora su único horizonte. Sirva como referencia para valorar la puerta que ahora se abre.
El Tenerife depende de sí mismo, pero tiene ante sí un calendario complicado. Cuatro rivales directos le esperan. Y como no se puede ganar al segundo sin jugar con el primero, empecemos por este sábado. Ellos, Cervera y sus futbolistas, lo van a intentar. Queda esperar por lo que vamos a hacer nosotros. ¿Estamos dispuestos a empujar en la misma dirección?
P.D. No pierdo el tiempo en el clamoroso penalti de Barbosa a Aridane o la provocación de Deivid porque espero encontrarme a la UD otra vez el 11 y el 15 de junio. Tampoco en la falsa polémica del avión del club porque jamás practiqué la crítica interesada ni me dejé llevar por fobias personales. Fútbol, fútbol y fútbol. Córdoba, Córdoba y Córdoba. No hay más.