Redacción Deporpress | Arona. Once y media de la mañana. Un domingo cualquiera en el sur de Tenerife está marcado por el sol y mucha gente de diferentes países paseando por las calles o disfrutando de sus playas. A pocos metros, en el estadio Antonio Domínguez, el Marino disputa un nuevo partido de competición. Para el turista apenas tiene interés. O quizá sí, de conocer que, en las filas del cuadro tinerfeño, milita uno de los mejores porteros de los últimos años en el panorama nacional.
«Está aportando mucho, desde que llegó ha hecho piña con todos y en el vestuario aporta muchísima experiencia», cuentan desde las entrañas del club. La nueva vida de Sergio Aragoneses es más tranquila, sin flashes ni micrófonos cada día. Sin la necesidad de dar explicaciones en entornos cuyos aficionados se multiplican por miles. Ahora, en la cuarta categoría del fútbol nacional, inicia una nueva etapa en su vida: mata el gusanillo vistiéndose de corto y al mismo tiempo adquiere las tablas necesarias para entrar en el oficio de entrenador si en algún momento decide dar el paso.
«Quizá la distancia para venir a entrenar es lo que más difícil que se le hace, pero una vez aquí es el primero en esforzarse y estar al cien por cien. De hecho estamos sorprendidos con la recuperación física que ha tenido en muy poco tiempo tras su parón», confirman.
Tímido como siempre ha sido, no le gusta ser el protagonista. Menos aún en una plantilla donde todos son igual de importantes. Lo suyo es entrenar y poder jugar algunos minutos. Mientras, la nueva vida de Sergio Aragoneses ha comenzado a forjarse en las filas del Marino, un club con el que puede hacer grandes cosas: la primera, ascender. Algo que ya sabe hacer de sobra.