Por @beatrizpalmero
Desde que tengo uso de razón, le doy vueltas a las palabras y a las expresiones, buscando un porqué, analizándolas, descubriendo relaciones imposibles que en realidad eran fruto de la lógica. Me gusta jugar con ellas, sacarles el jugo, descubrir sus dobleces o su cara más brillante. A veces, puedo pasar mucho tiempo elucubrando sobre el significado de una expresión, dándole la vuelta o analizando su sentido hasta que me parecen absurdas. Es un claro ejemplo de lo que me ha pasado con la expresión recién acuñada de “nueva normalidad”, porque, ¿puede ser algo nuevo normal? ¿Si es novedoso puede entrar dentro de la normalidad? ¿Es normal lo nuevo? Qué quieren que les diga. Mis neuronas a veces hacen conexiones muy deprisa y me cuesta pararlas.
Lo cierto es que ya durante el confinamiento llegué a la conclusión de que lo de la “nueva normalidad” era un sinsentido lingüístico. Viendo el fútbol en esta era post-covid, todavía me lo parece más. Porque lo que vemos no es normal. Es cierto que desde el sofá de casa y con la radio puesta la sensación de extrañeza se diluye por momentos. Pero ver esos campos vacíos, ese banquillo desperdigado por la grada, esos jugadores celebrando goles con la cámara del “Plus” (cada vez menos plus y más Movistar, por cierto), esos gritos de entrenamiento de pretemporada, esos derbis desangelados y silenciosos… No me gustaría, ni por asomo, que este fútbol se convirtiera en lo normal.
Conociendo al gremio futbolístico, a los jugadores les debe costar un mundo concentrarse, porque el ruido en la grada es parte consustancial a ese gusanillo que se siente antes de cada partido. La televisión hace que el fútbol llegue a más gente, pero jugar con el aliento de la afición detrás de ti no puede sustituirlo ni el chocolate suizo. No me sorprende que los equipos pequeños en primera pierdan fuelle y aguante ante los grandes, ni que los equipos tradicionalmente fuertes en casa, como el Tenerife (este año un poco menos), se sientan tan perdidos de locales como a domicilio.
Aquí seguiremos ante el televisor cada vez que juegue el Tete, pero, por favor, no llamen a esto “nueva normalidad”, porque no es normal.