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La margarita

Por @juanjo_ramos

Las hojas de la margarita van cayendo al tiempo que la decisión no llega: me gusta, no me gusta, me gusta, no me gusta… El deshojador sabe que no será el azar quien deba tomar la decisión y debate consigo mismo, escudriña cada argumento y busca el acierto, la puerta a un futuro mejor. Imagino que el deshojador mora en las oficinas del CD Tenerife en el Heliodoro Rodríguez López, que asiste a cada entrenamiento, está pendiente a cada gesto, escuchando cada comparecencia, analizando cada decisión y cada resultado. Mientras, el tiempo y la Liga avanzan sin tregua. Y los espectadores clavan sus ojos en el deshojador, a la espera del momento en el que tome una decisión: me gusta, no me gusta… o el tiempo y la Liga se lo lleven a él también por delante.

Me gusta. Raúl Agné ha sabido mantener el ardor guerrero de su equipo. Sus jugadores le siguen con lealtad. Incluso ha sabido moderar su carácter durante el trabajo diario para no herir susceptibilidades, evitando cruzar líneas rojas y protagonizar capítulos que provoquen miradas incómodas desde el interior del vestuario. Su Tenerife compite, pelea. Está en los partidos siempre. Fuera de casa lleva un ritmo aceptable de puntuación. Sus ayudantes (lo hizo Fabián Rivero el pasado miércoles) hablan bien de él. Le consideran buena persona. También ha sabido moverse en el difícil mundo de los medios de comunicación de la Isla chocando poco o nada con sus habitantes. Acude a cada acto del club que se le requiere y se muestra cercano en ellos. Se ha mantenido al margen del debate sobre la conveniencia de su continuidad y ha corregido algunas posturas poco entendibles como sus austeros comentarios sobre la figura de Choco Lozano o el ninguneo a Cristo González. En las últimas semanas ya acepta que el juego ofensivo debe mejorar.

No me gusta. Raúl Agné no ha conseguido dotar a su equipo de una identidad definida de juego más allá del ardor guerrero. Su Tenerife compite y pelea, pero no juega. Se protege en exceso (siete futbolistas de perfil defensivo) y encaja más que antes. Al Heliodoro, aunque ya el fútbol no es en abierto, va menos gente que la temporada pasada. El público se aburre, no ve lo que le gustaría. Quiere sentirse orgulloso de un equipo que mire hacia la portería contraria, tal y como comentó en su discurso de llegada el técnico y nunca cumplió. Además, presenta los peores números en 63 años (una victoria en cinco partidos). Seguimos sin descubrir el verdadero potencial de sus jugadores más talentosos. En las últimas entrevistas y ruedas de prensa ha sacado la patita más de una vez de forma inconveniente (que le pregunten a River Plate o la Federación de Honduras) y ha empezado a hablar de críticas malintencionadas. No dejó en buen lugar la imagen del club con las formas mostradas tras su expulsión del pasado domingo. Existe cierta coincidencia generalizada sobre las mayores posibilidades de un equipo que está en descenso.

P.D. Me temo que no valdrán más unos argumentos que otros, sino que serán los resultados (el tiempo y la Liga) los que acaben haciendo más grande una lista que la otra y recomendando la continuidad o el cambio. En este Tenerife suele suceder. Manda más el miedo que la ilusión. Miedo a decir me gusta y que las cosas vayan mal. Miedo a decir no me gusta, cambiar y que las cosas vayan mal. Lástima que no gane la ilusión por ofrecer algo mejor. Sea cual sea la hoja de la margarita que caiga la última.